El secreto prohibido con mi vecina en el sótano del edificio

Vivo en un edificio viejo de Madrid, de esos con balcones que se miran de reojo. La del 4A, Antonella, es una morena de unos cuarenta, curvas que matan, siempre con faldas ajustadas. El casado del 3B, un tipo con pinta de oficinista, ojos oscuros y esa sonrisa culpable. Los pillé una tarde, fin de […]
Espiando a Mis Vecinos: El Polvo Prohibido que Nos Cambió Todo

Estaba sola en el sofá, envuelta en mi bata gruesa, después de una ducha larga. El edificio estaba en silencio, o eso creía. Hasta que oí… gemidos. Bajitos al principio, pero claros. Venían del piso de al lado, los vecinos nuevos. La rubia esa, siempre sonriente en el ascensor, y su tío moreno con ojos […]
El vecino que me folló oyendo los gemidos de la noche anterior

Estaba sola en mi piso del viejo edificio de Madrid. Las paredes, finísimas. De repente, gemidos. Del vecino de al lado, Marcos. ‘¡Fóllame más fuerte, joder!’, grita una tía. Él gruñe, animal. La cama golpea la pared: bum, bum, bum. Ritmo brutal. Oigo la piel chocando, resbaladiza. ‘Tu coño está chorreando’, le dice él. Me […]
Mi polvo prohibido con el vecino del 4º en el rastro

Era domingo por la mañana, nueve en punto. El sol ya picaba fuerte en la plaza vieja, justo al lado de mi edificio. El rastro semanal estaba a reventar: olor a fritanga, voces en árabe y español mezcladas, pasos arrastrando por el empedrado. Yo había bajado temprano, con mi body blanco pegado al cuerpo, escote […]
Mi polvo salvaje con el vecino en la brocante del edificio

Era un domingo de verano en Madrid, nueve de la mañana. El sol pegaba fuerte en la placita de nuestro edificio viejo, donde montan la brocante cada semana. Gente de todos lados: vecinos cotillas, familias, algún turista perdido. Yo bajé temprano, con ganas de cazar algo vintage para mi piso. Me puse mi body blanco […]
La vecina del ascensor y su secreto prohibido

Ay, chicas, no os lo vais a creer. Vivo en un edificio viejo del centro, de esos con ascensor que cruje como si se fuera a caer. Mi vecino del quinto, un tío hospitalizado, me pidió que cuidara de su perra Yamas mientras tanto. La Monique, su vecina de al lado, también echaba una mano. […]