Estaba sola en el sofá, envuelta en mi bata gruesa, después de una ducha larga. El edificio estaba en silencio, o eso creía. Hasta que oí… gemidos. Bajitos al principio, pero claros. Venían del piso de al lado, los vecinos nuevos. La rubia esa, siempre sonriente en el ascensor, y su tío moreno con ojos intensos. La pared es fina como papel, eh. Mi coño se mojó al instante. ¿Qué coño pasaba ahí?

Pies descalzos en el suelo frío del pasillo. Cada paso cruje un poco, el corazón me late fuerte. Llego a su puerta… entreabierta. ¿Viento? ¿Olvido? Luz amarilla filtra por la rendija, junto con olor a sudor y sexo. Me acerco sigilosa, pego el ojo. Dios… ella está en la cama, desnuda, pelo rubio desparramado. Él la abraza por detrás, mano libre bajando por su vientre, uñas rozando su piel temblorosa. ‘¡Ay, sí… más despacio!’, gime ella, arqueándose. Él sonríe, juega, la hace rogar.

La Curiosidad que Enciende la Noche

No puedo moverme. Sus pechos suben y bajan, pezones duros como piedras. Él lame uno, chupa fuerte, ella grita ‘¡Joder, me vuelves loca!’. Yo aprieto las piernas, siento mi humedad chorreando. Deslizo una mano dentro de la bata, toco mi clítoris hinchado. Ritmo lento, como él con ella. La tensión sube, aire fresco del pasillo me eriza la piel. ¿Y si alguien pasa? El peligro me pone más cachonda.

Él se aleja un segundo, ella se retuerce ‘¡No pares, cabrón!’. Él ríe bajito, la gira a cuatro patas. Polla gruesa, tiesa, la roza en el coño empapado. ‘¿La quieres?’, susurra. ‘¡Fóllame ya!’. Empuja de golpe, entra hasta el fondo. Ella aúlla, cama chirría. Yo me corro casi, dedos rápidos en mi chochito, mordiéndome el labio para no gemir. Él bombea duro, huevos golpeando, sudor brillando bajo la luz de la lámpara. ‘¡Qué apretada estás!’, gruñe él.

Sus ojos negros miran directo… ¿a mí? Por la rendija del visillo. Sonrisa maliciosa. Me ve. El corazón se me para. Pero no para, sigue follando, más fuerte. Ella no nota nada, perdida en ‘¡Más, rómpeme el coño!’. Él saca la polla reluciente, chorros de jugos. Me hace un gesto con la cabeza: entra. Duda… mierda, ¿y si? La barrera cae. Empujo suave la puerta, entro temblando. ‘Shhh’, dice él sin parar.

El Clímax en el Pasillo y las Miradas del Día Siguiente

Cierro tras de mí, bata cae sola. Me acerco, ella abre ojos vidriosos. ‘¿Tú…? Únete’, jadea. Él me agarra, dedos en mi coño chorreante. ‘Estás empapada, voyeurcita’. Me pone contra la pared, lengua en mis tetas, chupando pezones mientras embiste a ella. ‘¡Folladme los dos!’, pide ella. Él sale, me empotra a mí: polla enorme abriendo mi coño, ‘¡Qué puta estrecha!’. Bombeo salvaje, yo grito bajito, miedo a los otros vecinos. ‘¡Cállate o nos oyen!’, ríe él. Ella se masturba viéndonos, dedos en clítoris. Cambio: ella lame mi coño mientras él la folla por detrás. Orgasmos en cadena, yo exploto chorros, él eyacula en mi boca, salado caliente.

Agotados, susurros. Vuelvo a mi piso a gatas casi, piernas temblando, coño palpitando. Duermo profunda, soñando pollas.

Al día siguiente, ascensor. Entran ellos. Miradas. ‘Buenas noches anoche, ¿eh?’, guiña él. Ella sonroja, mano roza mi culo. ‘Repetimos… sin puertas’. Secreto quemando, sonrisa compartida. El edificio nunca fue igual.

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