Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Vivo en este viejo edificio en Madrid, paredes finas como papel, siempre oyes los pasos en el pasillo, los gemidos de la pareja del tercero… Pero esta vez fue mío. Todo empezó esa mañana. Carlos estaba en la ducha, su móvil vibra en la mesita. Nunca miro, pero… curiosidad, ¿sabéis? ‘Te echo de menos, quiero tu polla ya. Besos, Laura’. Tres veces lo leí. El cabrón. Salí de la ducha hecho un basilisco, le planté el móvil en la cara. ‘¡Me lo pagarás!’ le grité.
Dos semanas de hielo en casa. Silencios pesados, solo hablábamos para lo del niño. Pero yo rumiaba. Javier, el vecino del cuarto, soltero, guapísimo, rubio, ojos verdes. Nos cruzamos en el ascensor, siempre un ‘hola’ con sonrisa pícara. Lo invité a cenar. ‘Sábado, ¿te apetece?’. Él: ‘Claro, Ana, con gusto’. Carlos puso cara rara, pero calló.
La traición y la chispa con el vecino
Llegó con flores. ‘¡Qué mono!’, le dije, rozándole la mano. Nos sentamos, charla de facultad antigua. Carlos de lado, vouvoyeur. La música suena bajita, yo con vestido verde corto, escotado atrás. Piernas cruzadas, subo la falda un poco. Carlos tira para abajo, yo… la subo más. ‘Hace calor’, digo guiñando a Javier. Se ve el liguero, negro. Sus ojos como platos.
Me levanto, pongo música fuerte, bailo. Falda arriba, piernas de bailarina. ‘¿Tocas?’, le digo a Javier. Él duda, mira a Carlos. ‘Dale, después de lo que me hizo…’. Le cojo la mano, la pongo en mi muslo. Piel caliente, suave. ‘Recuerdas en la uni, tu mano bajo mi falda…’. Carlos pálido, pero… noto su bulto.
La barrera cae. Me siento a horcajadas en el brazo del sofá, abro piernas. String negro asoma. Guío su mano arriba, roza mi coño por la tela. ‘Mmm, sí…’. Él respira fuerte. ‘Estás mojada, Ana’. Yo: ‘Cállate y tócame’. Dedos presionan mi clítoris, gimo bajito. Miedo a que oigan del pasillo, pero… excita más. Carlos se toca por encima del pantalón.
El clímax salvaje en el salón
Salto, bailo pegada a Javier. Bajo cremallera, saco su polla dura, gorda. ‘Qué polla más rica, como antes’. La meneo lento. Él: ‘Joder, Ana, me vas a hacer correr…’. Nos frotamos en slow, su verga entre mis muslos, contra mi string empapado. ‘Fóllame con los ojos’, le susurro. Aprieto thighs, froto. Él tira string abajo, piel contra piel. ‘No, espera…’, pero no paro. Su glande roza mi coño chorreante.
Gimo alto, música tapa un poco. ‘¡Casi me follas, cabrón!’. Él jadea: ‘Tu coño me llama’. Acelero paja, aprieto fuerte. ‘¡Me corro!’. Chorros calientes en el suelo, salpica mis pies. Yo tiemblo, clítoris hinchado. Carlos se corre en su mano, mirándonos.
Limpio rápido, él se lava. Carlos y yo nos abrazamos. ‘Perdóname’, dice. ‘Te amo’. Javier se va: ‘Sin rencores’. Puerta cierra.
Al día siguiente, pasillo. Javier sale del ascensor, yo con la compra. Nuestras miradas… fuego. ‘Buen día’, sonrisa cómplice. Roce de manos al pasar bolsas. Carlos no sabe, pero el secreto quema. Oigo sus pasos arriba, imagino su polla otra vez. ¿Repetimos? El edificio guarda secretos… y yo, adoro el riesgo.