Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Vivo en un edificio viejo en las afueras, con balcones que se miran de reojo. La otra noche, no podía dormir. Calor pegajoso, sudando bajo las sábanas. Me acerqué al balcón, abrí un poco las persianas. La luz de la luna filtraba tenue, y ahí estaba él. Mi vecino del quinto, Marc, el bombero ese que siempre va con esa camiseta ajustada marcando pectorales. Estaba en su salón, ventana entreabierta, solo en calzoncillos. Dios, qué polla se le marcaba. Se la tocaba despacio, ojos cerrados, respirando hondo. El ruido de sus jadeos llegaba flojito con la brisa fresca. Me quedé clavada, coño húmedo al instante. ¿Me vio? No sé, pero seguí mirando, mordiéndome el labio.

Al día siguiente, bajo al garaje. El ascensor pitó, puertas abriéndose lentas. Él dentro, oliendo a jabón y colonia fuerte. ‘Hola, Sofía’, dice con esa voz grave, sonrisa ladeada. Nuestros cuerpos se rozan al entrar, eh… accidental, claro. Silencio pesado, solo el zumbido del motor subiendo. Su mano roza mi culo, ‘perdón’, murmura, pero no se aparta. Mi corazón late fuerte, pezones duros contra la blusa. ‘Hace calor aquí, ¿no?’, susurro, girándome un poco. Sus ojos bajan a mi escote. El ascensor para en su piso. ‘Sube un momento, te enseño una cosa’, dice, voz ronca. La puerta del piso se cierra tras nosotros, y pum, barreira caída. Me empuja contra la pared del pasillo, boca en mi cuello, manos subiendo mi falda. ‘Te vi anoche, puta voyeur’, gruñe. Yo gimo, ‘Sí, y me puse cachonda viéndote pajearte esa polla enorme’.

La mirada indiscreta y la chispa en el ascensor

Sus dedos ya en mi tanga, empapada. ‘Estás chorreando, zorra’, dice, metiendo dos de golpe en mi coño. Grito bajito, uñas en su espalda. Le bajo los pantalones, polla tiesa, venosa, goteando precum. La agarro, masturbo fuerte. ‘Fóllame ya, Marc, no aguanto’. Me gira, falda arriba, tanga a un lado. Su glande empuja mi entrada, entra de un golpe, llenándome hasta el fondo. ‘Joder, qué apretada estás’, jadea, embistiendo salvaje. Plaf, plaf, el sonido de carne contra carne. Sus huevos chocan mi clítoris, yo empujo culo atrás. ‘Más fuerte, cabrón, rómpeme el coño’. Sudor goteando, olor a sexo crudo. Me tapa la boca con mano, ‘Calla, que nos oigan los vecinos’. Eso me pone más, el riesgo de gritos en el pasillo. Me corro primero, coño contrayéndose, chorros mojando sus muslos. Él acelera, ‘Me vengo, puta’, y siento su leche caliente inundándome, chorros potentes. Sale despacio, semen chorreando por mis piernas.

Nos separamos jadeando, risas nerviosas. ‘Vístete rápido, baja antes que alguien venga’, dice limpiándome con su camiseta. Salgo flotando, piernas temblorosas. Al día siguiente, pasillo estrecho, luz fluorescente parpadeando. Pasos lejanos. Nos cruzamos, él con bolsa de basura. Nuestras miradas chocan, sonrisa pícara. ‘Buen día, vecina’, guiña ojo, rozando mi mano. Siento el calor subir otra vez, secreto quemando. ‘Sí, buen día… muy bueno’, respondo bajito. Sus pasos se alejan, eco en el corredor. Dios, quiero más.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *