Ayer por la noche, fumaba en el balcón. El aire fresco me erizaba la piel. La luz de la ventana de Virginia, mi vecina del quinto, filtraba por las persianas entreabiertas. Me acerqué un poco, curiosa. Joder, ahí estaba ella, tumbada en el sofá, piernas abiertas. Se tocaba el coño con dedos lentos, gimiendo bajito. Sus tetas subían y bajaban, pezones duros. Me quedé clavada, mi propia entrepierna se humedecía. ¿Me vio? Apagó la luz de golpe. Mi corazón latía fuerte.

Al día siguiente, pasos en el pasillo. El ascensor llega, entro. Ella ya está dentro, sonrisa pícara. ‘Buenas, ¿dormiste bien?’, dice rozando mi brazo. El olor a su perfume me marea. Bajamos solas, el espacio estrecho. Su mano roza mi culo ‘por accidente’. ‘Anoche… te vi desde el balcón’, susurro. Se gira, ojos brillantes. ‘¿Y qué viste exactamente?’. La puerta se abre en su planta. ‘Ven a mi piso, te enseño más’. La sigo, piernas temblando. Puerta cierra, clic seco.

La mirada furtiva y la tensión en el ascensor

Entra en su salón, se quita la bata. Desnuda total, adepta al nudismo en casa. ‘Aquí nadie ve, persianas cerradas, pero el riesgo mola, ¿no?’. Su coño depilado brilla, labios hinchados. Me arrastra al sofá. Nos besamos, lenguas urgentes. ‘Quítate todo’, ordena. Me desnudo rápido, tetas libres. Sus manos en mis pechos, pellizca pezones. Bajo a su coño, huelo su excitación. Lamí su clítoris, chupé labios. Ella gime: ‘Sí, joder, así…’. Se gira, 69 perfecto. Su coño sobre mi cara, gotea ya.

Mi lengua entra en su agujero húmedo, follo con ella. Ella devora mi coño, dedos dentro. ‘¡Me corro!’, grita bajito. Un chorro caliente me inunda la boca, squirt puro. Trago, sabe salado, excitante. ‘Soy fontana, ¿te gusta?’, jadea. No paro, lamo más. Ella mete tres dedos en mí, me folla duro. Gimo contra su clítoris, miedo a que vecinos oigan. Vibraciones del edificio, pasos lejanos. Orgasmo me parte, tiemblo.

El polvo brutal y el secreto en el pasillo

Va a la habitación, vuelve con un dildo rosa, vibra. ‘Elige, pero este es manso’. Me tumba, piernas abiertas. Moja el juguete en su boca, mete dedo en mi coño. ‘Estás chorreando’. Dos dedos, tres. Gimo. Enciende, zumba. Lo clava hondo, toca fondo. ‘¡Pierre no llega ni a la mitad!’, ríe. Primera vez siento lleno. Clítoris vibra, exploto squirteando yo misma. Ella lo mete en su coño, yo lo empujo. Corre gritando, chorros en mi mano.

Ducha juntas, manos jabonosas en culos y tetas. Secas, desnudas a mesa. Charla: ‘Me flipa el morbo de vecinos. A veces follo con tíos, pero contigo…’. Le doy la pulsera que compré, emocionada. Nos dormimos abrazadas, sueños calientes.

Al día siguiente, pasillo. Cruce casual. ‘Buenos días, vecina’, guiño. Sonrisa secreta, roce de manos. Oigo su risa tras la puerta. El ascensor baja, mi coño palpita aún. Secretos queman.

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