El sol se colaba por las rendijas de la persiana, calentándome la piel. Anoche, en el ascensor, todo cambió. Pablo, el vecino del 3B, ese chico guapo que llevo meses espiando por el balcón. Oí sus gemidos una vez, polla en mano, pensando en mí. Nuestros cuerpos se rozaron. Su mano rozó mi culo, ‘perdón’, dijo con ojos hambrientos. ‘Ven mañana temprano’, susurré. La puerta se abrió, pero el aire estaba cargado.
Pasos en el pasillo, eco suave. Clave en la cerradura, entro sigilosa. Su habitación huele a hombre, sudor fresco. Duerme boca arriba, polla semi-dura bajo la sábana. Sonrío, coletas blancas en mi pelo rubio, falda plisada corta como alumna viciosa, medias de seda, tacones crema que crujen flojito. Lo ato a los barrotes, muñecas y tobillos. Despierto su verga con labios carnosos, pintados rosado. Chupo lento, lengua alrededor del glande.
La tensión en el ascensor y la barrera rota
Abre ojos, gime. ‘¿Qué coño…? Gala, joder’. Intenta moverse, pero está crucificado. Río bajito. ‘Buenos días, vecino. Tu polla sabe rico por la mañana’. Miro fijo, ojos brillantes, mientras la trago entera. Siento su pulso en mi garganta. Manos en guantes de encaje le acaricio huevos, rugosidad suave contra piel sensible. Sus caderas se arquean. ‘Quítate… no, espera, chúpame más’.
Me subo al borde, falda arriba. Siente mis piernas en silk rozando sus muslos. ‘Dime qué quieres, Pablo. Soy tu puta obediente hoy’. Silencio, me mira la silueta: culo apretado en falda, tetas tras blusa blanca translúcida. ‘Lame mis orejas’, ordena. Inclino cabeza, lobe en su boca. Chupa fuerte, lengua dentro, me eriza piel. ‘Mmm, cosquillas… no pares’. Respiro hondo, mano en mi tanga, me froto clítoris.
‘Chúpame la boca’. Le doy labios, lengua. Me come como a polla, succiona. Gimo en su boca, froto coño contra su pierna. ‘Ponte encima, quiero ver bajo falda’. Me levanto, piernas abiertas sobre su cara. ‘Quítate la tanga’. La bajo lento, pierna alta, rasurado fresco, labios hinchados. ‘¡Joder, estás depilada!’. Acerco coño, huelo mi excitación. Me lame voraz, lengua plana en raja. Gimo fuerte, ¿nos oyen arriba?
El polvo intenso y el secreto revelado
Me monto a lo cowgirl, empalo su polla dura. Pistoneo salvaje, tetas rebotando libres tras quitar blusa y sujetador. ‘Pellízcate pezones, hazlos rojos’. Obedezco, duele rico. Lamo sus dedos en tacones. ‘¡Me corro!’. Eyacula dentro, caliente. Jadeamos, sudor pegajoso.
Después, acurrucada, piel contra piel. ‘Tenía que contarte algo… del vecino del 4A, el profe Raúl’. Silencio pesado. ‘No me tocó, pero… le muestro tetas cada lunes. Se pajea mirándome, polla fuera. Me excita su mirada’. Lágrimas, me abraza. ‘¿Me quieres aún?’. ‘Sí, puta mía’. Beso salado.
Al día siguiente, pasillo. Nuestras miradas chocan, sonrisas sucias. Oímos pasos del profe. Secreto quema, frenesí compartido. Quiero más.