Estaba en mi balcón esta mañana, el aire fresco me erizaba la piel, fumando un cigarro. Del otro lado, en el balcón de Pablo, mi vecino del quinto. Ese escocés de 41 años, excomando, enorme, con esa cicatriz en forma de estrella en la sien. Sin camiseta, sudado después de entrenar, músculos tensos. Se rascó por encima del pantalón… joder, qué bulto. Me quedé clavada, el corazón latiendo fuerte, imaginando esa polla gruesa. La luz del sol filtraba por las persianas, proyectando sombras en su torso bronceado.

Pasos en el pasillo. Salgo, entro en el ascensor. Puertas cierran con ese zumbido metálico. Entra él, olor a sudor limpio y colonia fuerte. ‘Hola Vivi, ¿qué tal?’, dice con esa voz grave, acento marcado. Yo, con 20 años apenas, en mi faldita escocesa ajustada y camiseta roja ceñida. ‘Bien… acabo de romper con mi novio’, suelto, nerviosa. Espacio pequeño, su cuerpo cerca, calor subiendo. Me mira intenso, como siempre cuando cree que no veo. ‘¿Quieres hablar? Sube a mi piso, te invito un café’. Dudé, pero el ascensor para en su planta. Subo.

La mirada voyeur y la tensión en el ascensor

Puerta cierra. Sofá mullido, luz suave por las stores. Me hundo, lloro por el cabrón de mi ex que me dejó por no follar. Pablo me abraza, fuerte, su pecho duro contra mí. ‘Pobrecita…’, acaricia mi pelo rubio claro, mano baja por mi espalda. TiemBlo. Nuestras miradas chocan. Labios rozan. ‘Pablo…’, susurro. Su lengua entra, suave al principio, luego hambrienta. Gimo bajito, miedo a que los vecinos oigan a través de las paredes finas.

Sus manos en mis tetas, pezones duros bajo la camiseta. ‘Estás tan mojada…’, dice bajito, mano bajo falda. Nada de bragas, coño expuesto, chorreando. Dedos rozan mi clítoris hinchado. ‘¡Joder, Vivi, qué coñito tan rico!’. Me corro rápido, jugos en su mano. Él gime, polla tiesa contra mi muslo. La bajo, jean ajustado. Sale esa verga enorme, venosa, glande rojo brillante. ‘Mámamela, por favor…’, ruega ronco.

El polvo oral brutal y el secreto compartido

Me arrodillo, suelo fresco. Lengua por la hampe, salada, dura como hierro. Chupo el glande, pre-semen dulce. ‘¡Dios, qué boca!’. Lo trago profundo, glotis apretando, saliva goteando. Él agarra mi cabeza, folla mi boca lento. ‘Shhh, no gimas fuerte, los del cuarto oyen todo’, dice, pero gime él, ahogado. Manosea mi coño, tres dedos dentro, pulgar en clítoris. Me corro otra vez, vibrando en su polla. ‘¡Me voy a correr!’. Empujo cabeza, leche caliente inunda mi garganta, trago, resto chorrea por barbilla.

Limpio con lengua, beso apasionado, sabor a nosotros. Nos vestimos rápido, risas nerviosas. ‘Tu primera mamada así, ¿eh?’, guiña. Sonrío pícara. Bajamos, hace las courses él solo.

Al día siguiente, pasillo oscuro, pasos lejanos. Nos cruzamos. ‘Buenos días, Vivi’, voz normal, pero mano roza mi culo disimulado. Mirada ardiente, secreto quemando. Sonrío, coño húmedo ya. El edificio nunca fue tan excitante.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *