Hace unos días, estaba sola en casa, tarde ya, como la una de la mañana. Nada que hacer, navegando por un sitio de relatos eróticos. La luz de la pantalla iluminaba mi habitación, filtrándose por las persianas entreabiertas. De repente, oigo pasos en el pasillo. Pesados, como de alguien alto. Me asomo un poco, curiosa. Es él, mi vecino del 4ºB. Moreno alto, desgarbado, unos 50 tacos, con esa alianza que nunca menciona. Vive con su mujer, creo, pero sale mucho de noche. Le veo encender un cigarro en su balcón, justo al lado del mío. La brisa fresca trae el humo. Nuestras miradas se cruzan un segundo. Sonrío, él guiña un ojo. eh… qué casualidad.

Al día siguiente, bajo al ascensor. Él entra justo detrás. El espacio chico, su olor a colonia fuerte mezclada con sudor. ‘Buenas, vecina’, dice con voz grave. ‘¿Dormiste bien anoche?’. Yo, con mi metro cincuenta, levanto la vista. ‘Sí, leyendo cositas… calientes’. Silencio. El ascensor para en su planta. ‘¿Quieres subir un rato? Mi mujer no está’. El corazón me late fuerte. El prohibido, el vecino. Digo que sí, sin pensarlo. Subimos juntos, la puerta del ascensor se cierra con ese pitido. Sus manos ya rozan mi culo.

La mirada furtiva y la tensión en el ascensor

Entramos en su piso. Oscuro, desordenado. Me empuja contra la pared del rellano interior, ni siquiera cierra del todo. ‘Joder, desde anoche te como con los ojos’, gruñe. Le bajo la cremallera, su polla sale dura, grande, venosa. ‘Mmm, qué pedazo de verga tienes, casado’. Me arrodillo, el suelo frío. La chupo ansiosa, saliva chorreando, él gime bajito. ‘Calla, que nos oyen los del piso de abajo’. Eso me excita más, el riesgo. Me pone de pie, sube mi falda, arranca las bragas. ‘Mira qué coñito tan mojado, puta vecina’. Me penetra de golpe, brutal. Sus embestidas bestiales, yo mordiéndome el labio para no gritar. El plaf plaf de carne contra carne resuena en el pasillo.

El sexo brutal con riesgo de ser oídos

Me gira, me apoya en la mesa de la cocina. ‘Abre las piernas, quiero verte el chocho’. Obedezco, exhibiéndome. Su lengua en mi clítoris, chupando fuerte, dedos dentro. ‘¡Joder, qué buena estás!’. Me corro rápido, temblando, las piernas flojas. Él no para, me monta de nuevo. Poilu todo, pecho peludo contra mis tetas pequeñas y duras. ‘Fóllame más fuerte, que se enteren todos’. Cambiamos posiciones: yo encima en el sofá, cabalgándolo, mis pechos botando. Sudor, olor a sexo crudo. La luz de la calle filtra por la ventana, sombras bailando. Él me agarra el culo, mete un dedo en mi ano. ‘Voy a correrme, zorra’. Se sale, me pone de rodillas. Chorros calientes en mi cara, en la boca. Trago lo que puedo, el resto chorrea por mi barbilla. eh… delicioso.

Agotados, nos vestimos deprisa. Oímos pasos en el pasillo. ‘Vete ya’, susurra. Salgo, el corazón a mil, semen secándose en mi piel. Al día siguiente, nos cruzamos en el rellano. Él con su traje, yo con la compra. ‘Buenos días, vecina’. Sonrisa cómplice, ojos que dicen todo. Su mujer pasa detrás, ajena. El secreto quema, delicioso. Si quiere repetir, aquí estoy. El edificio nunca fue tan excitante.

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