Ayer por la tarde, el sol filtraba por las persianas de mi balcón. Estaba tomando un café, semi desnuda como siempre en casa, cuando los oí. Pablo y Valeria, los recién casados del 4ºB. Sus voces subían desde el balcón de al lado, separadas solo por un metro de aire caliente. ‘¡No seas celoso, amor!’, decía ella riendo. Él gruñía algo sobre un tipo que la miró en la calle. La vi asomarse, con un short diminuto que le marcaba el coño, y una camiseta ajustada sin sujetador. Sus tetas rebotaban al gesticular. Pablo la agarró por la cintura, la besó con hambre. Sus manos bajaron directo a su culo. Me quedé clavada, el corazón latiéndome fuerte. El frisson de espiar sin ser vista me ponía cachonda. Sus besos se volvieron urgentes, ella gimiendo bajito. ‘Shh, que nos oyen’, susurró él. Pero seguían, él metiéndole mano dentro del short.

💸Conviértete en modelo webcamMás del 50 % de los ingresos · Pagos diarios · 60 M de visitas/díaSaber más →

Esa noche, en el ascensor. Bajaba al súper, y entraron ellos. Pablo oliendo a colonia fresca, Valeria con un vestido ligero que se le pegaba al sudor. El espacio era estrecho, el zumbido del motor llenaba el silencio. Nuestras miradas se cruzaron en el espejo. ‘Qué calor, ¿eh?’, dije yo, rompiendo el hielo. Ella sonrió pícara: ‘Sí, insoportable… hace que uno quiera quitarse todo’. Pablo carraspeó, pero sus ojos bajaban a mis pechos. El ascensor paró en el 2º, él salió ‘a por hielo’. Quedamos solas. ‘Te vi esta tarde desde mi balcón’, le confesé bajito. Sus mejillas se sonrojaron, pero sus ojos brillaron. ‘¿Y qué viste?’. ‘Lo suficiente para mojarme’. Se acercó, su aliento en mi cuello. ‘Pablo es celoso, pero yo… adoro el peligro’. Sus labios rozaron los míos. El ascensor llegó a la planta baja, pero pulsé el botón de parar. Nos besamos con furia, lenguas enredadas, sus manos en mis tetas. ‘Joder, qué ganas’, jadeó.

La Mirada Indiscreta desde el Balcón

Subimos a mi piso, 4ºA. Cerré la puerta, pero la dejé entreabierta, el riesgo me volvía loca. La tiré en el sofá, le arranqué el vestido. Sus tetas perfectas, pezones duros como piedras. ‘Chúpamelos’, suplicó. Lamí, mordí, mientras mis dedos bajaban a su coño empapado. ‘Estás chorreando, puta’, le dije. Ella gimió: ‘Sí, fóllame con la lengua’. Me arrodillé, abrí sus piernas. Su coño rosado, hinchado, olor a sexo puro. Metí la lengua dentro, chupando su clítoris. ‘¡Oh Dios, no pares!’. Sus caderas se movían, follándome la boca. Oí pasos en el pasillo, ¿Pablo? El miedo nos aceleró. ‘Cállate o nos pillan’, siseé. Ella tapó su boca, pero gemía contra la mano. Saqué dos dedos, los clavé en su coño apretado. ‘¡Más, rómpeme!’. La follé duro, el sofá crujiendo. Su jugo corría por mi mano. ‘Me corro… ¡joder!’. Se convulsionó, squirtando en mi cara. No paré, la puse a cuatro, le comí el culo. ‘Ahora mi turno’. Se giró, me bajó los pantalones. Mi coño afeitado listo. ‘Qué rico’, murmuró, metiendo lengua. Sus dedos en mi ano, yo cabalgándola. ‘Fóllame con la mano’. Tres dedos dentro, bombeando. ‘¡Voy a correrme!’. Grité bajito, el orgasmo me dejó temblando. Nos corrimos juntas, sudadas, oliendo a sexo.

Al día siguiente, en el pasillo. Pablo salía con la basura, yo con la compra. ‘Buenos días’, dijo él, ajeno. Valeria salió detrás, su mirada cómplice. Me guiñó el ojo, rozó mi mano. ‘Gracias por el azúcar de anoche’, susurró. Pablo frunció el ceño, pero sonrió. El secreto ardía entre nosotras. Subí a casa, aún oliendo a ella. El vecino de al lado ya no es solo un vecino.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *