Vivo en un edificio viejo del centro, paredes finas como papel, ruidos que se cuelan por todos lados. Mis vecinos de al lado, Pablo y Laura, son de esos que te ponen caliente solo viéndolos. Él, alto, musculoso, con esa polla que imagino gruesa por cómo la aprieta ella en fotos de Instagram. Ella, morenita de 1,60, tetas firmes, culo redondo, ojos que prometen vicios. Siempre coquetean en el ascensor, roces ‘accidentales’, miradas que queman. Pero el sábado pasado… uf, cambió todo.

Bajaba las escaleras con bolsas de la compra, aire caliente pegajoso, pasos lejanos en el pasillo. Oí risas ahogadas, gemidos. Del 3B, su puerta entreabierta, como siempre en este antro sin llaves. Dudé, corazón latiendo fuerte. Miré por la rendija. Laura a cuatro patas en el sofá, Pablo detrás, embistiéndola como un animal. Su polla entraba y salía del coño empapado de ella, chapoteos húmedos, tetas colgando balanceándose. ‘¡Joder, más fuerte, cabrón!’, gritaba ella bajito, mordiéndose el labio. Él le azotaba el culo, rojo marcado. Mi coño se mojó al instante, bragas pegadas. No podía moverme, el olor a sexo flotaba, sudor y fluidos.

La sorpresa en el pasillo y la barrera que cae

Pablo giró la cabeza, me vio. Sonrisa lobuna, guiño. ‘Entra, vecina, no te quedes ahí parada’, murmuró sin parar de follarla. Laura jadeaba, no me vio aún. Empujé la puerta suave, crujió un poco, cerré detrás. Pasos amortiguados fuera, miedo a que alguien oyera. Me acerqué, temblando de morbo. ‘¿Qué miras, puta curiosa?’, dijo ella al fin, girándose, ojos brillantes. ‘Mira cómo la follo, ¿quieres probar?’. La tensión explotó. Me quité la falda rápido, polla de Pablo aún dura, brillante de jugos.

Laura se arrodilló delante de mí, ‘Qué coñito tan rico, déjame probarlo’. Lengua experta en mi clítoris, chupando suave, dedos abriendo labios. Gemí, ‘Shh, los vecinos…’, pero el placer me callaba. Pablo se acercó, polla en mi cara. ‘Chúpala, zorra’. La tragué entera, salada, venosa, garganta llena. Él gruñó, follándome la boca mientras Laura me comía el coño, dedos dentro, curvados en mi punto G. ‘¡Me corro, joder!’, chillé bajito. Salpiqué su cara, ella lamió todo.

El sexo brutal sin frenos ni pudor

Cambiaron. Pablo me tumbó en el sofá, piernas abiertas. ‘Te voy a reventar ese coño’. Entró de golpe, grueso, llenándome hasta el fondo. Dolor-placer, embestidas brutales, sofá chirriando. Laura encima, coño en mi cara. ‘Lámeme, vecina’. Olía a sexo puro, clítoris hinchado, la devoré, lengua rápida, ella se meneaba gimiendo. Pablo aceleró, ‘¡Qué apretada estás, puta!’. Sudor goteando, tetas mías rebotando. Miedo a gritos del pasillo, música alta de alguien salvó el día. Laura se corrió primero, ahogada, jugos en mi boca. Pablo sacó, ‘Ahora el culo’. Lubri, dedo en mi ano, luego polla despacio. ‘¡Aaaah, despacio!’, pero empujé atrás. Laura me masturbaba clítoris. Follaron mi culo y coño alternos, yo gritando placer prohibido.

Él se corrió dentro, caliente llenándome. Yo exploté de nuevo, temblores. Laura nos lamió limpios, besos pegajosos.

Al día siguiente, ascensor. Pablo y Laura entraron, sonrisas cómplices. ‘Buenos días, vecinita. ¿Dormiste bien?’, guiño. Roce de mano en mi culo, secreto ardiendo. ‘Repetimos pronto’, susurró ella al bajar. Corazón acelerado, coño palpitando ya. Este edificio es un nido de vicios.

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