Estaba sola en casa, fumando un cigarro en el balcón. El aire fresco de la noche me erizaba la piel. De repente, oigo risas y música alta del piso de al lado. Mis vecinos, Pablo y Laura. Jóvenes, guapos, siempre con fiesta. Me asomo un poco, la luz de sus stores filtrándose. Veo siluetas. Él la besa contra la pared del salón. Sus manos bajan por su culo. Ella gime bajito. Joder, qué morbo. Mi coño se moja solo de mirar.
Apago el cigarro, entro. Pero los ruidos siguen. Gemidos ahora. La cama cruje. ‘¡Sí, Pablo, más fuerte!’ dice ella. Me acerco a la pared compartida, pego la oreja. El slap-slap de carne contra carne. Me toco por encima del pantalón, imaginando su polla dura entrando en ella. El peligro de que me pillen me excita más. Paso la noche masturbándome a sus sonidos.
La Mirada Voyeur que Desató Todo
Al día siguiente, bajo al garaje. El ascensor se para en su piso. Entra Pablo, solo. Sudado, con esa camiseta ajustada marcando pectorales. ‘Hola, vecina’, sonríe pícaro. Huele a sexo reciente. ‘¿Dormiste bien anoche?’, pregunta, ojos clavados en mis tetas. ‘Mejor que bien, gracias a vosotros’, suelto sin pensar. Se ríe, se acerca. ‘¿Oíste todo? Laura es ruidosa’. El ascensor baja lento. Su mano roza mi cintura. Tensión eléctrica. ‘Ven esta noche, si te atreves’, murmura. Puertas abren. Salgo temblando, coño palpitando.
No lo pienso. A las once, toco su puerta. Él abre en calzoncillos, polla medio tiesa ya. ‘Sabía que vendrías’. Me arrastra dentro. Oscuro, solo luz de salón. Me besa salvaje, lengua profunda. Manos por todas partes. ‘Quítate todo’, ordena. Me desnudo rápido. Él me empuja al sofá. ‘He soñado con este coño desde que te vi en el balcón’. Se arrodilla, me abre las piernas. Lengua en mi clítoris, chupando fuerte. Gimo alto. ‘Cállate o nos oyen’, dice riendo. Pero lame más, dedos dentro, curvados en mi punto G. Me corro rápido, chorro en su boca.
El Polvo Brutal y el Regreso Cargado de Secretos
‘Ahora fóllame’, le pido. Se pone de pie, polla enorme, venosa. La guía a mi entrada. Empuja de golpe. ‘¡Joder, qué prieta!’, gruñe. Me folla duro, sofá moviéndose. Pechos rebotando. Le araño la espalda. ‘Más, cabrón, rómpeme’. Cambiamos. Yo encima, cabalgando. Su polla me llena, roza el fondo. Sudor goteando. Oigo pasos en el pasillo. ¿Vecinos? El miedo me aprieta más. ‘Sigue, no pares’, jadeo. Él me agarra el culo, embiste arriba. ‘Te voy a llenar de leche’. Me corro otra vez, coño contrayéndose. Él explota, semen caliente dentro.
Caemos exhaustos. Besos suaves ahora. ‘Laura duerme arriba, no sabe nada’, susurra. Me visto temblando. ‘Vuelve cuando quieras’. Salgo sigilosa.
Al día siguiente, en el pasillo. Él pasa con bolsas. Nuestros ojos se cruzan. Sonrisa cómplice. ‘Buen día, vecina’. Roza mi mano. El secreto quema. Mi coño se humedece de nuevo. Sé que repetiremos. El edificio entero huele a sexo prohibido.