Ay, chicas, no sé por dónde empezar. Vivo en un viejo edificio en el centro, de esos con balcones estrechos y paredes finas como papel. La otra noche, estaba en mi salón, con las persianas entreabiertas, fumando un cigarro. La luz de la calle filtraba amarilla, y de repente… los veo. Mis vecinos del quinto, Javier y su mujer Laura. Él alto, musculoso, ella curvilínea, con tetas grandes que se marcan bajo la camiseta. Estaban en su balcón, besándose como locos. Oí sus risas, el roce de la ropa. Javier le metió mano por debajo de la falda, ella gimió bajito. Me quedé paralizada, con el coño ya húmedo. ¿Me vieron? No sé, pero seguí mirando, el corazón latiéndome fuerte.

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Al día siguiente, en el ascensor. Bajo sola, pero se abre en su piso. Javier entra, solo. Huele a colonia fuerte, sudor fresco. ‘Buenas’, dice con voz grave. Yo sonrío, nerviosa. ‘¿Qué tal la noche?’, suelta, mirándome las tetas. El ascensor baja lento, chirría. Siento su mirada quemándome. ‘Bien… ¿y vosotros?’, balbuceo. Se acerca un paso. ‘Escuchamos ruidos anoche… ¿eras tú mirando?’. Me sonrojo, pero el coño me palpita. ‘Quizá…’, digo, mordiéndome el labio. Su mano roza mi cadera. ‘Eres una voyeur, ¿eh?’. El ascensor para entre pisos, luz parpadea. La puerta no abre. Pánico y excitación. Me empuja contra la pared, besándome salvaje. Su lengua invade mi boca, sabe a cerveza. ‘Shh, que no nos oigan’, susurra.

La mirada que lo empezó todo

Sus manos bajan mi falda, directo al tanga. ‘Estás empapada, puta’, gruñe. Le desabrocho los pantalones, su polla salta dura, gruesa, venosa. La agarro, masturbo fuerte. ‘Fóllame ya’, le ruego. Me da la vuelta, culazo al aire. Siento su glande en mi coño, resbaladizo. Empuja de un golpe, me llena entera. ‘¡Joder, qué apretada!’, gime. Me folla brutal, embestidas profundas, el ascensor tiembla. Oigo pasos en el pasillo de arriba, voces lejanas. ‘Cállate o nos pillan’, dice, tapándome la boca. Pero gimo contra su mano, el placer duele. Su polla me raspa las paredes, choca el útero. Me corro primero, chorros calientes bajan por mis muslos. Él acelera, ‘Me voy a correr dentro’, jadea. Siento sus huevos contra mi culo, contrae, me inunda de leche caliente. Sale chorreando.

El clímax en la oscuridad del edificio

Se aparta, sube pantalones. Yo me limpio como puedo con la mano, falda arrugada. El ascensor arranca, llega a la calle. ‘Nuestro secreto’, guiña. Salimos, piernas temblando. Él al garaje, yo a la calle. El aire fresco me golpea la piel sudada, huelo a sexo.

Al día siguiente, en el pasillo. Bajo la basura, me cruzo con Laura. Sonríe pícara, ‘¿Dormiste bien? Javier llegó… satisfecho’. Le devuelvo la sonrisa, el coño se me moja otra vez. Javier sale de su puerta, nos mira a las dos. ‘Vecina, ¿subimos?’. El secreto quema, prometo más. Dios, este edificio es un nido de vicios.

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