Ay, chicas, no sabéis lo que me pasó anoche. Vivo en este edificio viejo de Madrid, piso quinto, paredes finas como papel. Estaba en el balcón, aire fresco de la noche rozándome la piel, fumando un cigarro. Luz amarilla filtrando por las persianas del vecino del tercero. Me acerqué curiosa, y joder, ahí estaban: mi vecina Carmen, tetas grandes fuera de la blusa, besándose con un chico nuevo. Alto, delgado, pelo negro largo en coleta, piel morena como caramelo. Él le metía mano por debajo de la falda, ella gemía bajito, pasos de alguien en el pasillo abajo retumbando.
Al día siguiente, cena con mi marido Javier en el chino de abajo. Volvemos tarde, entramos al ascensor. Puertas cerrándose con ese zumbido metálico. Y entra él, Sasha, el chico del balcón. ‘Buenas noches’, dice con voz suave, ojos clavados en mí. Javier delante, yo atrás con él. ‘¿Nuevo en el edificio?’, pregunto, corazón acelerado. ‘Sí, piso tercero. Vi que os gustó el espectáculo anoche, ¿eh?’, suelta riendo bajito. Tensión eléctrica, su aliento cerca de mi cuello, olor a colonia fresca. Javier se gira, sonríe pícaro. ‘Si quieres, te seguimos al parking, te enseñamos un rincón… especial’. Sasha asiente, mano rozando mi culo disimuladamente. Puertas abren, bajamos los tres, barrera rota.
La Mirada Caliente en el Ascensor
En el parking subterráneo, luces fluorescentes parpadeando, eco de goteras. Subo atrás con Sasha, Javier al volante. ‘Indícame el camino’, dice él. Salimos despacio, pero paramos en un rincón oscuro, nivel -2, desierto. Sasha me besa ya, lengua caliente, manos en mis tetas, amasándolas fuerte. ‘Joder, qué duras’, murmura. Le bajo los pantalones, polla tiesa, grande, glabra. La chupo ansiosa, succionando, saliva chorreando, ruidos húmedos llenando el coche. Javier mira por retrovisor, polla dura en sus pantalones.
Me subo encima, coño chorreando, huelo mi propia excitación mezclada con su sudor. ‘¡Ahhh!’, gimo cuando su polla me abre entera, empalándome hasta el fondo. Monto salvaje, tetas botando, él pellizcándome pezones. ‘Fóllame más fuerte, coño, que nos oigan los vecinos’, jadeo, miedo y placer mezclados, eco de mis gritos rebotando en el cemento. Javier gira, nos ve: mi coño tragándosela, labios hinchados, jugos brillando. Sasha me agarra el culo, embiste arriba, polla golpeando mi cervix. ‘Me corro… ¡leche dentro!’, gruñe, y siento chorros calientes llenándome, desbordando por mis muslos.
La Follada Brutal y el Secreto Compartido
Me bajo temblando, coño palpitando, semen goteando. Javier sale, abre puerta, me echa piernas atrás y lame todo: mi clítoris hinchado, mezcla de pollas y coño. ‘Delicioso’, dice, chupando fuerte hasta que reviento en orgasmo, gritando. Sasha se ajusta, risas nerviosas, oímos pasos lejanos, corremos a subir.
Hoy, pasillo, luz mañanera filtrando. Cruce con Sasha, mirada cómplice, su sonrisa traviesa. ‘Buen provecho’, susurra pasando. Mi coño se moja recordando. Javier me guiña ojo. Secreto ardiendo, vecinos para siempre.