Hace unas semanas, noté que en el bajo del edificio, justo al lado del mío, mi nuevo vecino había puesto una placa discreta: ‘Wellness Massage’. La cristalera tintada no dejaba ver nada, solo un cartel con horarios y un web. Me picó la curiosidad. Esa noche, sola en casa, entré al sitio. Fotos rojas, salas con mesas de masaje, agujero en el centro, espejos enormes, ganchos en el techo… y extras caros. Precios altos, pero valía la pena probar.

Al día siguiente, viernes tarde, bajé. El ascensor pitó en la planta baja, oí pasos en el pasillo. Corazón acelerado, ¿y si alguien me ve entrando? Empujo la puerta. Una chica asiática, filipina creo, me saluda con sonrisa pícara. ‘¿Primera vez? ¿Qué quieres?’ Le digo que masaje body-body básico con final manual, y pido chico. ‘No problem, tenemos’. Pago en cash, me da bata, toalla y brazalete con número 3. Vestuario vacío, música china suave de fondo. Me desnudo, todo en el locker. Ducha obligatoria: jabón, y veo las cánulas para lavado anal. Me lavo bien, dos veces, por si…

La curiosidad que enciende el fuego

Bajo al sótano, cabina 3. Luz roja tenue, mesa con hueco, espejo, TV con chicas desnudas en piscina. Me siento en la mesa, bata abierta. Entra ella: eurasia preciosa, bata rosa que deja ver tetas grandes. ‘Hola, ¿masajista hombre?’ digo. Sonríe, abre la bata: ‘Aquí tienes polla, mira’. Joder, cuelga una verga gorda entre piernas suaves. Me quedo muda, ya dura yo abajo.

Me pide boca abajo. Se quita bata, huele a jazmín. Vierte aceite en espalda, nalgas. Dedos en raja, encuentra mi ano. ‘Mmm, limpio’, mete dedo, luego dos. Gimo bajito, me arqueo. Oigo pasos arriba, vecinos moviéndose. Sube a la mesa, cabalga mis muslos. En el espejo, se unta tetas y vientre, se tumba sobre mí. Siento su polla semi-dura entre nalgas, tetas en hombros. Mi clítoris palpita, meto polla en el hueco. Se mueve, frota todo, aliento en cuello. Polla suya crece, se mete entre muslos, roza ano sin entrar.

El clímax en la cabina y el secreto compartido

‘Me da la vuelta’, dice. Me pongo de lado lento, orgullosa de mi erección. Cambia canal: tíos desnudos chupándose, llega Natalie Mars, trans americana follando al aire libre. Vuelve, monta, masajea muslos, pubis, evita mi verga. Se estira sobre mí, pollas pegadas, le toco tetas. Se gira, culo en mi cara. Le como ano, lengua adentro, sabe dulce. Manos suyas en mi polla, roza solo. Gimo fuerte, ¿nos oyen?

Se gira, sentada en muslos. ‘¿Final manual ahora?’ Se acaricia tetas, en TV Natalie se la meten por culo. ‘Sí, hazme correr’. Lubrica mi polla, masturba experta: rápido-lento, bolas, glande apretado. Su verga tiesa me vuelve loco. ‘Joder, Asia, me corro…’. Exploto, chorros en barriga, grito ahogado. Limpia todo, se pone bata. ‘Tú bueno, vuelve’. Salgo flotando, corazón latiendo.

Al día siguiente, pasillo. Él… ella, mi vecino trans, sube basura. Nuestras miradas chocan, sonrisa cómplice. ‘Buenos días, vecina’, guiña ojo. Rojeo, siento humedad recordando su polla. ‘Gracias por el masaje’, susurro. Asiente, pasa rozándome. Secreto nuestro, paredes finas guardan gemidos. ¿Repetimos? El edificio nunca fue tan excitante.

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