No sé exactamente cómo empezó. Bueno, sí… esas miradas cruzadas por las persianas del balcón. Él, el del 3ºB, casado, siempre sudado regando sus macetas. Camiseta pegada al pecho, pantalón marcado. Yo lo pillaba mirándome las tetas mientras fumaba un cigarro. El corazón me latía fuerte, pensando en su polla dura.

Ayer, el ascensor. Ese cacharro viejo que cruje como un fantasma. Entro, y ahí está él, solo, oliendo a tierra y sudor fresco del jardín. ‘Hola, guapa’, murmura, voz ronca. Nuestros cuerpos rozan en el hueco estrecho. Siento su aliento en mi cuello. El ascensor para entre pisos, luz parpadeante. ‘Joder, qué calor aquí’, digo yo, abanicándome la blusa. Él traga saliva, ojos en mi escote. Mi mano roza su paquete, tieso ya. ‘Sube a mi piso, tengo un vino frío… y ganas de ti’. Dudó un segundo, pero el pitido del ascensor lo decide. Puertas abren, salimos al pasillo oscuro. Pasos amortiguados, eco lejano de un vecino.

La Mirada que Enciende Todo en el Edificio

Cierro la puerta de mi piso, lo empujo contra la pared del salón. Beso salvaje, lenguas enredadas. Le bajo el pantalón, polla saltando, venosa, goteando ya. ‘Quieta, no corras’, le ordeno, apretando su cuello. Se arrodilla, obediente. Le meto la cabeza entre mis muslos, falda subida. ‘Chúpame el coño, vecino. Hazme mojar’. Lamida profunda, chasquidos húmedos. Gimo bajito, ‘shhh, que nos oyen las paredes finas’. Él lame como loco, clítoris hinchado. Me siento en el sofá, abro piernas, lo monto en la cara. Froto mi coño en su boca, jugos chorreando.

Lo monto encima, su polla entra de golpe en mi coño empapado. ‘¡Fóllame fuerte, pero no corras aún!’. Cabalga, tetas rebotando. Siento sus huevos contra mi culo. Grita ahogado, ‘me vengo…’. Me aparto justo, leche caliente salpica mi pubis. ‘Ahora lame tu propia corrida de mi coño, cerdo’. Lo empujo abajo, boca en mi raja abierta. Lengua sorbiendo su semen mezclado con mis fluidos. Salado, pegajoso. ‘Más adentro, joder, lame todo’. Gimo alto, ‘¡Sí, así!’. Puño su pelo, control total. Oigo pasos en el pasillo, corazón acelerado. Placer del riesgo, vecinos podrían oír mis jadeos.

Follada Brutal con el Miedo a los Vecinos

Lo pongo a cuatro patas, culo arriba. ‘Relájate, voy a follarte el ojete’. Escupo en sus nalgas, dedo índice entrando suave. Se tensa, gime. ‘¿Quién manda aquí?’. ‘Tú… tú, por favor’. Meto dos dedos, masajeo próstata. Su polla chorrea de nuevo. Lo chupo mientras lo dedo, bolas en mi boca. ‘Ahora el plug que compré pensando en ti’. Lo unto de lubricante, entro despacio. Tiembla, culo tragándoselo. Lo monto de nuevo, polla dura follándome. Media hora de ida y vuelta, sudor goteando. Gemidos míos llenan el piso, ‘¡Córrete dentro, lléname!’. Eyacula jetas calientes, yo exploto, coño contrayéndose, chorro mojando sábanas.

Al día siguiente, pasillo. Él con su mujer, comprando pan. Nuestras miradas chocan. Sonrío pícara, rozo su mano al pasar. ‘Buen día, vecino’. Él ruborizado, polla seguro marcando bajo pantalón. Su mujer ajena. El secreto quema, ya planeamos el próximo. Adoro este edificio, lleno de vicios.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *