Era una tarde de calor pegajoso, el aire vibraba sobre el asfalto. Desde mi balcón, con el cigarro en la mano, veía a mi vecino Marc. Ese cabrón elegante, bronceado, con camisa abierta dejando ver el pecho. Fuma, mira la calle como si fuera suyo. El edificio es viejo, pero él vive en el ático, el rey del bloque. Siempre controlándolo todo, saludos sin miradas directas.

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De repente, llega ella. Sofia, la nueva. Baja del taxi con faldita ajustada, tetas firmes bajo la blusa. Él la recibe en la puerta, sonrisa lobuna. La oigo: ‘Ven, te enseño el piso’. Suben juntos. Yo, con el corazón acelerado, me asomo. El viento marino me eriza la piel.

La mirada desde el balcón y el ascensor cargado

Pasos en el pasillo esa noche. Ruido de tacones, su risa baja. Yo voy al mío, pero el ascensor se para en mi planta. Puertas abren: ellos. Él la empuja dentro, yo entro también. Aire denso. ‘Buenas noches’, digo, voz temblorosa. Él me mira, ojos entrecerrados. ‘¿Vecina curiosa?’, murmura. Sofia se muerde el labio, roza mi brazo ‘accidentalmente’.

Ascensor sube lento, luz parpadeante. Paredes grafiteadas, olor a cerrado. Marc se pega a Sofia, mano en su culo. Ella gime bajito. Yo… no salgo. ‘Qué calor, ¿no?’, digo. Él ríe, cierra la puerta manual. ‘La barrera cae aquí’. Sus labios en su cuello, ella jadea. Mi coño palpita. ‘Mira cómo nos mira’, dice Sofia, voz ronca. Él me agarra la nuca: ‘Únete o piérdete’.

No pienso. Caigo de rodillas en ese cubo metálico. Botón parado en el 5. Polla de Marc fuera, gorda, venosa. ‘Chúpala, vecina puta’, gruñe. La engullo, saliva chorreando. Boca llena, lengua lamiendo el glande salado. Sofia baja su falda, coño depilado reluciente. Se frota contra mi cara. ‘Lame, zorra’. Lengua en su clítoris hinchado, jugos dulces. Marc empuja mi cabeza: ‘Traga hasta las huevos’. Gargas, lágrimas, pero follo con la boca como una perra.

El polvo brutal y el secreto en el pasillo

Ascensor tiembla, crujidos. Miedo a que pare, vecinos oigan. Gemidos ahogados: ‘¡Joder, sí!’. Sofia cabalga mi lengua, tetas rebotando. ‘Me corro… ¡ah!’. Chorrea en mi boca. Marc palpita: ‘Traga mi leche, puta’. Explosiona, semen caliente bajando garganta. Tos, babeo. Pulso el botón, subimos jadeantes.

Puerta abre en su piso. Salen, me dejan tirada, bragas empapadas. ‘Buenas noches’, guiña él.

Al día siguiente, pasillo fresco, luz filtrando persianas. Bajo con la compra. Él sale, traje impecable. Nuestras miradas chocan. Sonrisa cómplice. ‘¿Dormiste bien, vecina?’, susurra. Sofia asoma: ‘Ven esta noche… sin ascensor’. Rojeo, coño humedece. ‘Sí… jefe’. Pasos lejanos, secreto quema. El edificio ya no es el mismo.

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