Vivo en un edificio viejo del centro, de esos con ascensor que cruje y pasillos estrechos donde oyes todo. El vecino del 4º, Javier, me volvía loca. Alto, moreno, con esa camiseta ajustada que marcaba sus pectorales y un culo duro de gimnasio. Todos los días lo veía fumar en su balcón, justo enfrente del mío. La luz del atardecer filtraba por las persianas, y sus ojos… joder, me pillaban mirándolo. Él sonreía de lado, como sabiendo que me ponía cachonda. Yo, con mi camisón corto, me inclinaba un poco, dejando que viera mis tetas. El aire fresco del balcón me erizaba la piel, y sentía mi coño humedecerse solo con su mirada.

Una noche, volvía tarde del curro. Pasos en el pasillo, eco hueco. El ascensor se abre, y ahí está él, solo, apoyado en la pared. ‘¿Subimos?’, dice con voz grave. Entro, el olor a su colonia me invade. Puertas cerradas, y de repente, silencio. Nuestras miradas chocan en el espejo. ‘Siempre te veo por la ventana’, murmura. Mi corazón late fuerte, bum-bum. ‘Yo a ti también… me pones burro’. Se acerca, su aliento en mi cuello. El ascensor para en mi planta, pero no salgo. Sus manos en mi cintura, bajan a mi culo. ‘Joder, qué ganas’, susurro. Puertas se abren, nadie. Nos besamos como animales, lenguas enredadas, saliva. Me empuja contra la pared del rellano, su polla ya dura contra mi vientre.

La tensión que crecía en el edificio

Eh… ¿entramos en algún lado? No, el riesgo nos calienta más. Me arrastra a su puerta, abre con prisa, llave temblando. Dentro, oscuridad, solo la luz de la calle por las rendijas. Me quita la blusa de un tirón, mis tetas saltan libres. ‘Qué pezoncitos duros, puta’, gruñe, chupándolos fuerte. Gimo, alto, joder, que nos oigan los de al lado. Sus dedos bajan mi falda, encuentran mi tanga empapada. ‘Estás chorreando, zorra’. Me mete dos dedos en el coño, revuelve, chap-chap. Me corro ya, piernas temblando, mordiéndome el labio. ‘Quieta, que te follo ahora’. Se baja los pantalones, su polla sale gruesa, venosa, cabezona. La agarro, masturbo fuerte, saliva en la punta. ‘Métemela, por favor…’

Me da la vuelta, contra la mesa de la entrada. Pies en el suelo, tacones crujiendo. Escupe en mi culo, frota la punta. ‘¿Por culo o coño?’. ‘Coño primero, cabrón’. Empuja, llena todo. ¡Ahhh! Duele y mola. Bombeada tras bombeada, piel contra piel, plof-plof. ‘¡Más fuerte, que te oigan!’. Agarra mis tetas, pellizca pezones. Cambio de posición, en el sofá, yo encima. Cabalgo su polla, subo-bajo, mis jugos chorrean por sus huevos. ‘¡Qué coño apretado, me vas a hacer correr!’. Le chupo los huevos mientras me folla la boca con los dedos. Giro, 69. Su lengua en mi clítoris, chupando, mordiendo. Yo engullo su verga hasta la garganta, arcadas, babeo. ‘Me vengo… ¡traga!’. Chorros calientes en mi boca, trago todo, salado.

El clímax en la oscuridad y el secreto compartido

Pero no para. Me pone a cuatro, ahora sí, por el culo. Lubrica con mi propio coño, entra despacio. ‘¡Joder, qué estrecho!’. Grito de placer-dolor, muerdo el cojín. Follando anal, manos en mi pelo, tirando. Sudor, olor a sexo puro. Orgasmo doble, tiemblo entera. Él gruñe, se corre dentro, semen caliente rebosando.

Agotados, jadeos. Luz del alba filtra. ‘Ha sido… increíble’, dice. Sonreímos. Al día siguiente, pasillo. Nuestros ojos se cruzan, sonrisa pícara. Oigo sus pasos detrás, escalofrío. El secreto quema, promete más. ¿Otra noche en el ascensor?

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *