Estaba en el balcón fumando un cigarro, el aire fresco de la noche me erizaba la piel. Abajo, en el pasillo del bloque, vi a doña Carmen, mi vecina del 3ºB. Sesenta y dos años, viuda desde hace unos, siempre elegante. Paseaba su chihuahua, con ese traje sastre rosa palo que le marcaba las piernas torneadas y un culito redondo que no mentía. Se agachó para soltar la correa enredada… joder, la falda se le subió. Culotte amarillo, fino, con encaje negro en los muslos. Me quedé mirando, el corazón latiendo fuerte. ¿Me vio? Nah, siguió hacia el cementerio, como cada tarde.

Al día siguiente, ascensor. Entro, ella ya está dentro. ‘Buenas tardes, guapa’, dice con esa voz culta de ex-profesora. Huele a lavanda, suave. Nos paramos en su piso primero. El ascensor chirría, luz tenue. Se gira, roza mi brazo con el suyo. ‘¿Subes a tomar un café rápido? Estoy sola…’. Dudé, eh… el frisson del riesgo. ‘Vale, pero solo un rato’. Puerta abierta, entro. Cierra. Sus ojos brillan, mano en mi cintura. ‘Te vi ayer, ¿sabes? Desde la ventana’. Mierda, pillada. La beso, suave al principio. Gime bajito, ‘shhh, los vecinos…’. Nos comemos la boca, sus tetas pequeñas contra mí.

La mirada accidental que lo cambió todo

La empujo contra la pared del pasillo, falda arriba. Le bajo las bragas, coño pelirrojo, clairsemé pero jugoso, labios elongados como aceitunas maduras. Huele a jabón y deseo viejo. Me arrodillo, lamo esa raja estrecha. ‘Ay, Dios… despacio’, susurra, manos en mi pelo. Piernas temblando, el chucho ladra en la cocina. Me levanto, polla dura como piedra. Se la saco, la agarra. ‘Qué gorda…’. Se pone de rodillas, torpe pero ansiosa. Chupa, saliva chorreando, lengua en los huevos. ‘Joder, qué bien…’, gimo. Miedo a que oigan el ascensor.

El clímax salvaje y el secreto compartido

La llevo al sofá, a cuatro patas. Le escupo en el culo, dedo en el ano apretado. ‘No, por ahí no… pero sí, fóllame el coño’. Empujo, entra fácil, húmeda. Bombeo fuerte, tetas colgando, ella ahoga gemidos en la almohada. ‘Más, cabrón, rómpeme’. Sudor, piel contra piel, slap-slap. El vecino del 3ºA pone música, menos mal. La giro, misionero, piernas en hombros. Coño tragándome, chorrea. ‘Me corro… ayúdame’. Dedos en su clítoris, tiemblo yo también. Eyaculo dentro, sin goma, caliente. Ella aprieta, ordeñándome. ‘Llevaba años sin esto…’.

Nos vestimos jadeando, besos rápidos. ‘Vete ya, antes que bajen’. Salgo, ascensor solo. Al día siguiente, pasillo. Cruce de miradas. Sonrisa pícara, guiño. ‘Gracias por el café’, digo bajito. Ella se sonroja, ‘cuando quieras, vecina’. El chucho olfatea mis zapatos. Secreto nuestro, quemando. Cada vez que oigo sus pasos, me mojo pensando en repetir. El peligro… adictivo.

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