Ay, chicas, no sabéis lo que me pasó anoche con mi vecina del quinto. Vivo en un edificio viejo de Madrid, paredes finas como papel, balcones pegados. Oí la llave en su cerradura, clic-clic, y el ruido de sus tacones en el pasillo. Curiosa como soy, me acerqué a la ventana, persianas entreabiertas. La luz de su salón filtraba, y allí estaba ella: rubia, unos 25 años, culazo perfecto, piernas interminables.
Entró, dejó el bolso en la mesita. Se fue a la cocina, abrió la nevera, sacó agua. Bebió despacio, garganta moviéndose. Dios, qué sed me entró a mí también. Luego, a su habitación. Vi su silueta quitándose la chaqueta beis, falda ajustada bajando por esas nalgas… Collant claro, sujetador rosa asomando pezones duros. Se lo bajó todo, despacio, meneando caderas. Culotte saumon pegada al coño, pubis rubio insinuándose. Me mordí el labio, mi chochito ya palpitaba.
La mirada accidental que lo cambió todo
Fue a la ducha. Agua cayendo, vapor empañando el cristal esmerilado. Se enjabonó tetas pequeñas, auréolas oscuras endureciéndose, vientre plano, bajó a su pubis. Insistió en el chorro contra el clítoris, ojos cerrados, gemidito ahogado. ‘Joder…’, murmuré yo, tocándome ya por encima del pantalón. Salió, se secó, crema en las tetas, olor a vainilla flotando hasta mi balcón.
De repente, se tumbó desnuda en la cama. Pierna arriba, manos en tetas, pellizcando pezones. Bajó a su coño, labios abiertos, dedos entrando y saliendo. ‘Mmm, sí…’, oí su jadeo. Se corrió arqueando la espalda, gemido largo, suave. Yo estaba empapada, casi me corro viéndola. Pero entonces… nuestros ojos se cruzaron por las persianas. Sonrió pícara. ¿Me vio espiando?
El clímax en el peligro y el secreto del pasillo
Minutos después, llamaron a mi puerta. Abrí, ella en bata transparente, pezones marcados. ‘Te vi mirando, guarra. ¿Quieres ver de cerca?’ Tensión brutal. Bajamos al ascensor, ese cubículo viejo que cruje. Puertas cerradas, botón atascado en el sótano. Se abalanzó: ‘Fóllame ya’. Le arranqué la bata, tetas en mi boca, chupando duro. ‘¡Ay, sí, muerde!’ Bajé a su coño depilado, lengua lamiendo clítoris hinchado. Mojada como una fuente, sabor salado dulce.
Me puso contra la pared, fríos azulejos en la espalda. Dedos en mi chocho, tres de golpe, bombeando. ‘¡Qué apretada estás, vecina!’ Gemí alto, ‘Cállate, nos oirán… pero no pares’. Me folló con la mano, pulgar en clítoris, yo le metí dos dedos en su culito mientras lamía. ‘¡Joder, métemela toda!’ El ascensor temblaba, ruidos de cadena arriba. Orgasmo brutal: me corrí gritando bajito, ella chorreando en mi mano. Sudor, alientos jadeantes, coños palpitando.
Paramos el ascensor, subimos riendo nerviosas. ‘Mañana más’, susurró. Hoy en el pasillo, cruzamos miradas. ‘Buenos días, preciosa’, dijo con guiño. Su mano rozó mi culo disimulada. Secreto ardiente, paredes finas… ¿quién sabe qué oirán esta noche? Frío en la piel, calor en el vientre. Quiero más.