Vivo en un edificio viejo del centro, paredes finas como papel. Inés y Carlota, las vecinas del piso de al lado, siempre discutiendo. Sus voces atraviesan todo: ‘¡Puta amargada!’, grita Carlota. ‘¡No existes para mí!’, responde Inés. Yo, Lía, la más joven, 19 años, bruna menudita, las oigo desde mi sofá. Me excita esa rabia, como si ocultara algo sucio.
Una noche, tras una riña brutal, pasos en el pasillo. Golpes suaves en mi puerta. Abro, Carlota ahí, rubia rapada, ojos rojos, camiseta ajustada marcando tetas pequeñas. ‘¿Puedo pasar? No aguanto más’, susurra. Entra, cierra sin ruido. Se sienta en mi cama, respira hondo. El pasillo cruje, miedo a que Inés salga. Hablamos bajito. ‘Odio a Inés, pero… me pone cachonda su desprecio’, confiesa, voz temblorosa. Yo sonrío, toco su rodilla. ‘Cuéntame’, digo, el corazón latiendo fuerte.
La tensión que explota en mi puerta
Se tumba, cierra ojos. ‘La imagino montando mi moto, pegada a mí, manos en mi cintura. La bajo, nos miramos… la beso salvaje’. Sus palabras me mojan. Mi mano sube por su muslo, roza su coño por encima del pantalón. ‘Sigue’, murmuro. ‘Le como el coño hasta que grita, la penetro con dedos, la hago mía’. Carlota gime bajito, yo desabrocho su pantalón. Huele a sudor y excitación. ‘¿Quieres que te enseñe?’, pregunto, lamiéndole el cuello. Asiente, temblando.
Le bajo el pantalón, braga empapada. Se la arranco, coño rubio, hinchado. Meto dos dedos, resbalan en jugos calientes. ‘¡Joder, qué puta mojada!’, digo. Ella jadea, tapa su boca. ‘Chúpame’, suplica. Me pongo entre sus piernas, lengua en clítoris, chupando fuerte. Sabe salado, dulce. Sus caderas se mueven, follo su coño con lengua y dedos, rápido, profundo. ‘¡Me corro, Lía, no pares!’, ahoga gemido contra almohada. Oigo pasos fuera, ¿Inés? El peligro me excita más, meto tres dedos, la reviento. Ella se corre, chorro caliente en mi cara, cuerpo convulso.
El sexo crudo y el secreto del pasillo
Ahora ella me tumba. Desabrocha mi camisón, mis tetas pequeñas duras. ‘Qué ricas’, dice, mama pezones, muerde suave. Manos torpes pero ansiosas bajan a mi coño lampiño. Frota clítoris, mete dedo, luego dos. ‘Estás chorreando, putita’, ríe. Yo gimo, ‘Fóllame fuerte’. Se anima, lengua en mi raja, chupando como loca. Dedos curvados en mi punto G, me hace squirtar en su boca. Nos frotamos coños, clítoris contra clítoris, sudorosas, jadeos ahogados. ‘¡Córrete conmigo!’, ordeno. Explosamos juntas, silencio roto por suspiros.
Agotadas, nos abrazamos. ‘Eres bi, Carlota, y follarás a Inés así’, digo. Ella besa mi mejilla, sale sigilosa. Duermo con su olor en sábanas.
Al día siguiente, pasillo. Inés sale, pelo negro largo, ojos verdes, sonrisa falsa: ‘¿Dormiste bien?’. Asiento, cruzo mirada con Carlota que llega. Sus ojos brillan, secreto ardiente. ‘Sí, genial’, digo, coño palpitando aún. El ascensor se cierra, tensión nueva, prometedora. Sabemos que el edificio guarda más.