Ayer… no, espera, fue anteanoche. Estaba en mi salón, con la luz apagada, solo la tele de fondo. Los stores mal cerrados dejan pasar esa luz tenue del balcón de enfrente. Oí pasos en el pasillo, lentos, como tacones sobre el suelo de mármol. Frío, ese eco que resuena en el bloque. Y entonces la vi. Mi vecina, Manuela. Ojos azules que brillan incluso en penumbra, pelo rubio todo revuelto, como si acabara de follar. Provenzal de nacimiento, dice, con ese acento suave que me pone burro.
Se quitó la bata despacio. Tetas firmes, pezones duros apuntando al aire fresco de la noche. Se giró, culo redondo, marcado por el bikini del verano. Caminaba por su salón, desnuda, como posando para mí. Se tocó el vientre, bajó la mano… joder, se metió un dedo en el coño, gimiendo bajito. El cristal vibraba con su aliento. Yo, tieso como una polla, jadeando en silencio. Luz filtrando, sombras en sus curvas. El corazón me latía fuerte, miedo a que me viera, pero no paraba de mirar.
La mirada indiscreta que lo cambió todo
Al día siguiente, ascensor. Solos. Ella en esa bata fina, casi transparente. Huele a vainilla y algo más… sexo. Nuestros brazos se rozan. ‘Buenas’, dice con voz ronca, ojos clavados en los míos. ‘Te vi anoche… mirando’. Trago saliva. ‘Yo… perdona, no pude evitarlo’. Sonríe, pícaro. Mano en mi pecho. ‘Ven a mi piso. Ahora’. Puertas se abren, salimos. Pasos apresurados por el pasillo, llave temblando en la cerradura.
Entramos. Me empuja contra la pared. ‘Quítate todo, cabrón’. Le arranco la bata. Tetas en mi cara, chupo esos pezones cilíndricos, duros como piedras. Gime: ‘¡Sí, muerde!’. Baja de rodillas, desabrocha mi pantalón. Mi polla salta, venosa, goteando pre-semen. ‘Qué polla más gorda’, murmura, lamiendo la punta. Boca caliente, lengua girando. La agarro del pelo revuelto, follo su garganta. ‘Glup, glup’, sonidos húmedos, saliva chorreando por su barbilla.
El clímax brutal y el secreto ardiente
La levanto, la pongo contra la ventana del balcón. Aire fresco entra, cortinas ondeando. ‘Fóllame aquí, que nos vean’. Le abro las piernas, coño depilado, labios hinchados, mojado hasta las rodillas. Meto dos dedos, chapotea. ‘¡Joder, estás chorreando!’. Ella: ‘Métemela ya, no aguanto’. Empujo, polla entra de golpe. Ceñida, caliente, como un guante. Bombeo fuerte, tetas rebotando. ‘¡Más duro, rómpeme el coño!’. Gritos ahogados, miedo a que los vecinos oigan. Paredes finas, oímos la tele del de al lado. Sudor pegajoso, olor a polla y coño. La giro, perrito contra el cristal. Azoto su culo, rojo. ‘¡Voy a correrme!’. ‘Dentro, lléname’. Chorros calientes en su interior, ella tiembla, squirt en el suelo.
Caemos exhaustos. Besos salados. ‘Vuelve cuando quieras, voyeur’. Se duerme, yo salgo sigiloso. Pasillo oscuro, corazón acelerado.
Hoy, cruce en el pasillo. Carrito de la compra. ‘Buenos días, vecino’. Ojos azules guiñan, sonrisa cómplice. Manchas de rousseur en mejillas sonrojadas. Paso rozando su cadera. ‘Hasta pronto’, susurro. Secretos queman. Ya planeo la próxima mirada.