Era una de esas noches de insomnio jodido. El calor pegajoso del verano madrileño me tenía sudando en la cama. De repente, un gemido ahogado cruza el muro fino que separa mi piso del de Pablo y Laura, mis vecinos. El pasillo está oscuro, solo la luz de emergencia parpadea un poco. Abro la puerta con cuidado, el aire fresco me eriza la piel. Su puerta está entreabierta, el viento la ha movido. Me acerco sigilosa, el corazón me late en los oídos.
A través de la rendija, la veo. Laura tumbada en la cama, desnuda, la luz de la tele filtra por las persianas mal cerradas. Pablo parece dormir a su lado. Su mano derecha baja despacio por el vientre, roza el monte de Venus. Se toca el coño con dedos lentos, el brillo de su humedad se ve incluso desde aquí. Suspira bajito, ‘mmm… sí…’. La otra mano aprieta un pecho, el pezón duro como piedra.
La Observación Nocturna a Través del Muro
Se incorpora un poco, abre el cajón. Saca el vibrador, ese zumbido bajo me pone la piel de gallina. Lo lame, lo chupa como si fuera una polla gorda, saliva chorreando. Lo desliza por los pechos, gime más fuerte. Lo mete en el coño de un empujón, ‘ahhh… joder…’. Las caderas se mueven, el colchón cruje suave. Sacándolo mojado, lo pone en el culo. Se abre las nalgas, empuja. ‘¡Sí, en el culo!’. Dedos en el coño, vibrador zumbando en el ojete. Tiembla toda, suda, los gemidos suben, ‘me corro… ¡me corro!’.
Me mojo yo sola, tocándome por encima del pijama. Se queda quieta, jadeando, lo guarda y se duerme de lado, culo al aire.
Al día siguiente, bajo al ascensor. Entra Pablo, el marido, alto, con esa mirada pícara. Nos miramos. El ascensor baja lento, entre el 5 y 4. ‘¿Dormiste bien anoche?’, dice con sonrisa. ‘Eh… sí, ¿y tú?’. Silencio pesado. ‘Oí cosas… tu mujer…’. Se acerca, el olor a su colonia me marea. ‘¿Qué oíste?’. ‘Gemidos… el zumbido…’. Su mano en mi cintura, ‘¿Te gustó?’. No digo nada, solo asiento. Me besa duro, lengua dentro, mano en mi culo.
La Explosión en el Ascensor y el Secreto Compartido
Pulsa el botón de parada. El ascensor se detiene con un chirrido. ‘Shhh, que no nos oigan’. Me baja los pantalones, arrodíllate. Saco su polla, dura, venosa. ‘Joder, qué gorda’. La chupo ansiosa, saliva chorreando, bolas en la mano. Me folla la boca, ‘traga, puta voyeur’. Me pone contra la pared, frío metal en las tetas. Lameme el coño, lengua en el clítoris, dedos dentro. ‘Estás empapada por lo de anoche’. ‘Sí… vi cómo se metía el vibrador en el culo’. Me come el ojete, ‘quieres que te folle ahí?’. ‘¡Sí, métemela!’.
Me penetra el coño primero, embestidas fuertes, el ascensor tiembla. ‘¡Cállate, coño, que nos pillan!’. Gimo bajito, uñas en su espalda. Cambia, saliva en el culo, empuja. ‘¡Argg, duele rico!’. Me sodomiza brutal, polla toda dentro, ‘tu culo es mejor que el de mi mujer’. Me corro gritando suave, coño chorreando. Él acelera, ‘me vengo… ¡toma leche en el culo!’. Sale, chorros calientes en mis nalgas.
Limpia rápido con pañuelos, bajamos. En el pasillo del día siguiente, nos cruzamos. Laura va delante, charlando con otra. Pablo me guiña, mano roza mi culo disimulado. Sonrío, el secreto quema. ‘Hasta luego, vecina’, dice. Mi coño palpita aún. El frisson del peligro… adictivo.