Vivo en un edificio viejo de Madrid, de esos con balcones que se miran. Mis vecinos del quinto, Lise y Marc, son franceses expatriados. Jóvenes, guapos, pero algo raro pasa. Cada mañana oigo gemidos ahogados. La luz filtra por sus persianas mal cerradas, y yo… no resisto. Me acerco a mi balcón, el aire fresco me eriza la piel, y miro.
Hoy fue brutal. Lise está sola, Marc ya se fue al curro. Se tumba en el suelo, espejo delante, piernas contra la pared. Su coño rosado brilla, sudado. Debajo, su ano oscuro. Coge un plug fino, lo chupa… uf, lo mete despacio. Lo veo desaparecer, su culo se abre como una flor obscena. Se queda ahí, sujetándolo solo. Luego el vibrador grande, canelado, lo lubrica con saliva, gime bajito: ‘Sí, entra… fóllame entera’. Lo fuerza en su coño, ya lleno. El clítoris vibra con esa lengua falsa. ‘Ohhh… joder…’. Tiembla, el plug amplifica todo. Cuerpo arqueado, sudor, olor a sexo que casi huelo desde aquí. Eyacula fuerte, piernas temblando.
La visión que me puso cachonda por las rendijas
Me mojo yo sola viéndola. Oigo pasos en el pasillo, corazón latiendo. Bajo al ascensor, aún caliente. Se abre, y ahí está Antoine, el portero. Negro, musculoso, sudado de arreglar el jardín. ‘Buenos días, preciosa’, dice con acento, ojos comiéndome. Huelo su macho, sudor y algo más. ‘¿Qué tal, Antoine? ¿Viste algo interesante hoy?’, suelto, provocona. Él ríe: ‘Tú siempre miras, ¿eh?’. El ascensor sube, paramos entre pisos. Luz parpadea. ‘¿Y si te enseño lo que vi?’, digo, rozando su paquete. Se pone duro al instante. ‘Joder, nena, no tientes…’. Pero ya le bajo el pantalón. Polla enorme, negra, venosa, capullo rosado. ‘Mira esta verga, para coños como el de Lise’. Él gime: ‘¿La viste? Esa puta se folla sola’. Le chupo, profunda, saliva chorreando. ‘Fóllame ya’, pido.
El polvo salvaje con riesgo de ser pillados
Me gira, falda arriba, bragas a un lado. Coño chorreando. Me clava la polla de un empujón: ‘¡Aaaah! Sí, rómpeme’. Golpes secos, el ascensor tiembla. ‘Cállate o nos oyen’, susurra, pero me da más fuerte, mano en boca. Siento su grosor abriéndome, bolas golpeando mi culo. ‘Tu coño aprieta como puta’, gruñe. Le aprieto, gimo contra su palma. Miedo: ¿y si sube alguien? Ruido de pasos arriba… acelera. ‘Me corro… llénalo’. Calor dentro, semen goteando. Me lame el cuello, mordiendo.
Botón de emergencia, salimos jadeando. Él: ‘Mañana más, voyeur’. Sonrío. Al día siguiente, pasillo estrecho. Cruce con Lise, cara sonrojada. ‘Buenos días’, digo, oliendo su perfume mezclado con sexo. Ella duda: ‘¿Dormiste bien? Oí… ruidos anoche’. Guiño: ‘Tú también suenas deliciosa por las mañanas’. Se muerde labio, sabe que sé. Antoine pasa, nos mira. Secreto arde. El edificio nunca fue tan caliente.