Vivo en un edificio viejo de Madrid, de esos con balcones que se miran de reojo. Noche de verano, bochornosa. Estoy en mi salón, persianas entreabiertas, luz tenue filtrando. Oigo gemidos bajitos del balcón de al lado. ¿Los vecinos otra vez? Me acerco sigilosa, corazón latiendo. Joder, es él. Raúl, el del 4ºB, guapísimo, soltero. Está de pie, pantalón bajado, polla dura en la mano, pajéandose como loco. ‘Carmen… tu coño… sí…’, murmura. Se toca pensando en mí. Me mojo al instante, clítoris hinchado. Apoyo la mano en la pared, respirando agitada. Sus huevos se mueven, venas marcadas en esa verga gruesa. Gime más fuerte, el aire fresco del balcón lleva su olor a sudor y sexo. Eyacula chorros blancos contra la barandilla. Trago saliva, coño palpitando. Él se gira un segundo, ¿me vio? Luz apagada, pero joder, el morbo me come.

Al día siguiente, pasillo estrecho, pasos eco. Nos cruzamos. ‘Buenas, Carmen’, dice con voz ronca, ojos clavados en mis tetas. ‘Buenas… ¿dormiste bien?’, respondo picarona, mordiéndome labio. Silencio cargado, aire espeso. Entramos en el ascensor juntos. Puertas cierran, chirrido metálico. Sube al 4º. De repente, para entre pisos. Luz parpadea. ‘Mierda’, dice él. Me pego a la pared, falda corta subiendo. Nuestras miradas chocan. ‘Anoche… te vi’, susurro. ‘Yo también te vi a ti, mirándome’, responde, acercándose. Olor a su colonia, calor de su cuerpo. ‘No aguanto más, joder’. Me besa salvaje, lengua dentro, manos en mi culo. Le bajo el pantalón, polla tiesa saltando. ‘Mámamela’, gruñe. Me arrodillo en el suelo sucio del ascensor, chupando esa verga salada, bolas en la boca. Gime alto, ‘¡Cállate, coño, nos oirán!’. Pero me excita el peligro, vecinos arriba-abajo.

La Mirada Voyeur que Enciende la Lujuria

Me pone contra la pared, falda arriba, braga a un lado. ‘Qué coño tan mojado’, mete dedos, chapoteo. ‘Fóllame ya, Raúl, métemela toda’. Empotra polla de un golpe, hasta el fondo. Gruño, tetas rebotando. Bombe a brutal, piel chocando, sudor goteando. ‘¡Más fuerte, joder, rómpeme el coño!’, jadeo. Mano en mi boca, ‘Shhh, la señora del 3º…’. Pero follamos como posesos, sus embestidas profundas, clítoris frotando. Me corro gritando bajito, coño apretando su polla. Él saca, ‘Trágatela’. Eyacula en mi boca, semen caliente, trago todo, labios pringosos. Botón de emergencia, ascensor arranca. Nos subimos pantalones, risas nerviosas, olor a sexo impregnado.

Llegamos al 4º, salimos. ‘Esto queda entre nosotros’, dice guiñando. Asiento, piernas temblando. Esa noche soñé con más. Al día siguiente, pasillo de nuevo. Nos cruzamos, él con bolsas, yo con café. Sonrisa cómplice, roce de manos. ‘¿Otra vez ascensor?’, susurra. ‘Cuando quieras, vecino’. Ojos brillan, secreto ardiendo. Cada paso en el pasillo ahora vibra de promesa. El edificio ya no es el mismo. El morbo de lo prohibido, de ser pillados… me tiene enganchada. ¿Y si la próxima es en el balcón, a la vista de todos?

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *