Estaba en mi balcón, fumando un cigarro a media noche, cuando la vi. Pourpre, la vecina del quinto. Pelo corto rojo sangre, cuerpo de acero forjado a puñetazos. Se entrenaba en su salón, luces bajas filtrando por las persianas. Golpeaba un saco imaginario, sudada, top pegado a los pechos firmes. Sus músculos se tensaban, jadeos roncos. Me quedé clavado, polla endureciéndose. ¿Me vio? No paró, pero su ritmo… cambió. Más lento, provocador.
Al día siguiente, en el pasillo. Pasos amortiguados en el suelo de mármol frío. Ella salía del gym del edificio, toalla al cuello, shorts ajustados marcando su culo redondo. Nuestras miradas chocaron. ‘Buenas’, murmuré. ‘¿Entrenas mucho?’, dijo ella, voz grave, sonrisa ladeada. ‘Te vi anoche. Desde tu balcón’. Tragué saliva. ‘No pude evitarlo. Eres… impresionante’. Se acercó, olor a sudor fresco invadiéndome. ‘¿Quieres ver de cerca?’. El ascensor pitó. Entramos. Puerta cierra. Silencio pesado.
La mirada que lo cambió todo
Sus ojos, duros como obsidiana, me taladraban. ‘¿Qué miras tanto?’. Dudé. ‘Tu cuerpo… peleando’. Su mano rozó mi brazo. ‘Aquí no hay saco’. La pared fría contra mi espalda. Ella presionó, pechos contra mi pecho. ‘Fóllame ya’, susurró. Labios chocaron, besos furiosos, dientes mordiendo. Manos bajaron mi pantalón, polla saltando libre, dura como hierro. ‘Joder, qué polla gorda’, gimió, arrodillándose. Boca caliente envolviéndola, lengua lamiendo el glande, chupando profundo. Ruido de succión, saliva goteando.
Ascensor subiendo lento. Botón pulsado al azar. La levanté, shorts arrancados. Coño depilado, húmedo, labios hinchados. Dedos dentro, resbaladizos. ‘¡Sí, métemela ya!’. La empotré contra la pared metálica, polla embistiendo su coño apretado. Gruñidos ahogados, chapoteo de jugos. ‘Más fuerte, cabrón, rómpeme’. Sus uñas en mi espalda, piernas enroscadas. Follando salvaje, tetas botando. ‘Cuidado, nos oirán’, jadeé. ‘Que oigan, que sepan cómo gimo cuando me follan bien’. Ritmo brutal, coño ordeñándome, contrayéndose.
El clímax en la oscuridad
Casi al borde. ‘Me corro, joder’. ‘Dentro, lléname’. Explosión, leche caliente inundándola. Ella tembló, orgasmo rasgando su garganta en un gemido gutural. Semen goteando por sus muslos. Ascensor paró. Puerta abrió a un pasillo vacío. Nos separamos, jadeantes, ropa revuelta.
Al día siguiente, cruce en el pasillo. Luz tenue, olor a café matutino. Ella, fresca, sonrisa cómplice. ‘Buenos días, vecino’. Mi polla se agitó al recordarlo. ‘Anoche… fue…’. ‘Shh’, dedo en labios. ‘Nuestro secreto. Pero si quieres repetir… mi puerta está abierta’. Pasos alejándose, culo ondulando. El frisson del peligro, del oído ajeno. Ya espero la próxima mirada por las persianas.