Estaba impaciente por mi cita con Sylvie, mi vecina del quinto. El calor del verano nos tenía locos, pero yo quería más que un chapuzón. Llamé a su puerta entreabierta. Pasos suaves en el pasillo… y aparece ella, no Sylvie. Una rubia preciosa, pelo suelto hasta los hombros, piel pálida, ojos azules que te clavan. Vestía un vestido de lino azul claro, escotado hasta el infinito, cintura marcada, falda al knee. Descalza. Olía a jabón fresco. Me entró un calorcito raro.
—Hola… ¿Sylvie? —digo, tartamudeando un poco.
La visita inesperada y los dibujos que encendieron todo
—Eh, no está aún, pero entra, espera. Soy Aurélie, su prima lejana. Llegué anoche.
Sylvie llega entonces, alta, con su falda ocre y top blanco fino, pezones marcándose sin sujetador. Nos besa en las mejillas. —Aurélie, estos son mis vecinos del bloque, con los que me baño a veces. Y yo, la voyeur empedernida del edificio.
Nos sentamos en el salón. Café, galletas. Oigo el ascensor zumbando abajo, vecinos subiendo. Sylvie insiste en que Aurélie nos muestre sus dibujos. Estudiante de bellas artes. Va a buscar su carpeta. Se sienta entre los dos chicos, yo detrás en el sofá, oliendo su perfume y el sudor leve de la tarde.
Abre la carpeta sobre sus muslos. Retratos normales primero, luego desnudos de mujeres en posturas… joder, obscenas. Una con piernas abiertas, mano en el coño. Me mojo al instante. —Solo mujeres? —pregunta uno.
—Prefiero sus curvas. Las hago posar en vivo, sin fotos.
Siguen parejas lésbicas lamiéndose, tíos con pollas tiesas, uno pajéandose y corriéndose. La última: Sylvie, topless, falda subida, tetas perfectas. Recién hecha esa mañana.
Sylvie suelta: —Podrías dibujarlos a ellos desnudos.
Aurélie nos mira, sonriendo pícara. —Vale, si os animáis.
Nos quitamos camisetas, luego todo. Posamos abrazados en el sofá, yo de pie mirando. Mi polla semi, la suya también. Aurélie dibuja concentrada, Sylvie detrás susurrándole. —Pide más, no muerden.
El polvo brutal con el miedo a que nos pillen
—Vale… Rémi, mano en la polla de Alex. Y Alex, toca su pecho.
Lo hago. Calor en la palma, su verga endureciéndose. La mía crece. —Más natural, acaríciate el huevo.
Sylvie se quita el top, tetas al aire. Se acerca, besa a uno, me agarra la polla y me come la boca. La suya explota dura. Aurélie: —Perfecto, así erectos queda mejor.
La tensión revienta. Nos pajeamos mutuamente, besándonos como locos. Sylvie con Aurélie, mano bajo falda. Gemidos bajos, pero el pasillo cruje con pasos. Miedo a que nos oigan, pero eso me excita más. Alex me da la vuelta, me aprieta contra él, me zurra la polla fuerte. Sylvie mete dedos en Aurélie, que gime bajito: —Sí, ahí, chiquita…
Alex me hace correrme en las tetas de Sylvie, chorros calientes. Ella gime, él se la folla la boca hasta llenarla de leche. Yo la beso, saboreo el semen mezclado.
Luego la recompensa. Sylvie come el coño de Aurélie, empapado, pelos rubios brillando. Dedos dentro, lengua en el clítoris. Aurélie tiembla, orgasmea gritando suave. Nosotros tiesos otra vez.
Sylvie me elige: me monta, coño resbaladizo tragando mi polla. Cabalgo salvaje, tetas botando. Oigo voces en el rellano, ascensor. —Cállate un poco —susurro, pero ella grita más. Me corro dentro, ella convulsiona.
Alex con Aurélie en 69, ella chupando polla, él lamiéndole el culo blanco y gordo. Se corren juntos, semen en tetas.
Al final, calmamos jadeando. Aurélie: —¿Vamos a la piscina?
Al día siguiente, cruzo el pasillo. Sylvie me guiña, Aurélie sonroja sonriendo. El ascensor llega, entramos. Manos rozan, secreto ardiendo. El bloque nunca fue tan caliente.