Vivo en un viejo edificio del centro, paredes finas y balcones que se miran. Mi vecina de al lado, Sofia, es una diosa. La vi por primera vez una noche, luz filtrando por las persianas entreabiertas. Estaba en su salón, probándose lencería que parecía coser ella misma. Sus curvas… dios, sus tetas redondas asomando del sujetador, el tanga hundiéndose en su coño depilado. Me quedé pegada a mi ventana, mano en mi entrepierna, mordiéndome el labio. El aire fresco del balcón me erizaba la piel.

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Al día siguiente, en el ascensor. Pasos resonando en el pasillo, ese clic del botón. Entró ella, olor a vainilla y algo más… caliente. ‘Hola, vecina’, dijo con sonrisa pícara, ojos clavados en los míos. Yo, ‘eh… hola, Sofia, ¿no? Te vi… desde mi balcón’. Se acercó, el ascensor chirrió bajando. ‘¿Me espiabas?’, susurró, mano rozando mi cadera. El corazón me latía fuerte, tensión eléctrica. Puertas abiertas en su planta, me cogió del brazo: ‘Ven a mi piso, te enseño más de cerca’.

La mirada indiscreta que lo cambió todo

Entramos, puerta cierra con un golpe seco. ‘Quítate la ropa’, ordenó, voz ronca. Me desvestí temblando, ella ya en tanga y sujetador negro. Sus pezones duros perforando la tela. Me empujó al sofá, besos salvajes, lenguas enredadas. ‘Tu coño está chorreando’, murmuró lamiéndome el cuello. Bajó, mordió mis tetas, chupó un pezón hasta que gemí alto. ‘Calla, que nos oigan los vecinos’, pero eso me excitaba más.

Se arrodilló, abrió mis piernas. ‘Mira qué polla… no, qué coño jugoso’. Lengua en mi clítoris, lamiendo lento, círculos. Metió dos dedos, follándome el coño, chapoteo húmedo. Yo, arqueada, ‘¡Sí, joder, más profundo!’. Pasos en el pasillo de fuera, nos paramos un segundo, risas ahogadas. Siguió, chupando mi clítoris hinchado, dedos curvados en mi punto G. Orgasmos me sacudió, grité ‘¡Me corro, puta!’. Chorros en su boca, ella tragando, ojos brillantes.

El clímax en su sofá y el secreto del pasillo

No paró. ‘Ahora tú’. Se quitó el tanga, coño mojado reluciendo. La tumbé, lamí sus labios mayores, hinchados. ‘¡Oh, dios, tu lengua…!’. Metí lengua dentro, sabor salado dulce. Dedos en su culo apretado, otro en coño. Se retorcía, ‘Fóllame, vecinita, hazme explotar’. Chupé clítoris fuerte, vibrando. Gemía alto, ‘¡Voy a correrme, joder!’. Explosión, jugos en mi cara, cuerpo temblando.

Agotadas, abrazadas en el sofá, sudor pegajoso. ‘Esto es nuestro secreto’, susurró, beso suave. ‘El edificio entero podría saberlo por los ruidos’.

Al día siguiente, pasillo. Pasos míos, los suyos. Nos cruzamos, mirada cómplice, sonrisas. ‘Buenas noches vecina’, dijo guiñando, mano rozando mi culo disimulada. Calor subiendo otra vez. El ascensor nos espera.

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