Hace dos semanas, mudándome a este bloque cutre del centro. Desde mi balcón, la pillé. Alta, hostia, como una torre. Pelo corto moreno, curvas perfectas. En el balcón de al lado, fumando en braga y camiseta ajustada. Sus tetas enormes se marcaban, pezones tiesos por el viento fresco de la noche. Me quedé mirando, coño palpitándome. Ella giró la cabeza, sonrió. ‘¿Nueva?’, gritó. ‘Sí, ¿y tú?’, contesté. Iris, se presentó. Su voz grave me erizó la piel.
Días después, ascensor. Puertas cerrándose, ruido metálico. Entró ella, casi rozándome. Olía a perfume fuerte, sudor sutil. ‘Hola, vecina’, murmuró. Mi corazón latiendo fuerte. Espacio mínimo, su cuerpo enorme cerca. Sus piernas largas rozaron las mías. ‘Hace calor aquí, ¿no?’, dijo, voz ronca. Sudor en su cuello, bajando al escote. Asentí, garganta seca. Mano accidental en mi cadera. ‘Perdón’, susurró, pero no apartó. Bajamos lento, pisos pasando. En el 3, paramos. Vacío. Sus ojos clavados en mí, hambrientos. ‘Ven a mi piso un rato’, soltó. Barriera caída. Asentí, piernas temblando.
La tensión que explotó en el edificio
Entramos. Puerta cerrándose con clic seco. Luz tenue filtrando persianas. Me empujó contra la pared, labios en mi cuello. ‘Te vi mirándome’, gruñó. Manos grandes arrancando mi blusa. Sus tetas contra las mías, duras. Gemí bajito, miedo a vecinos oyendo. ‘Cállate o te callo yo’, mordió mi oreja. Bajó mi pantalón, dedos en mi coño ya empapado. ‘Joder, qué mojada estás, puta’. Lamí sus tetas, chupando pezones salados. Ella jadeando, fuerte. ‘Quieta’, mandó, tirándome al sofá.
De rodillas, abrí sus piernas. Coño rasurado, labios hinchados brillando. Olía a sexo puro. Lengua en su clítoris, gimiendo ella alto. ‘¡Sí, lame mi coño, cabrona!’. Dedos dentro, curvados tocando su punto. Se corría gritando, jugos en mi boca. Miedo a golpes en pared, pero excitante. ‘Ahora tú’, rugió. Me tumbó, boca en mi coño. Lengua rápida, chupando clítoris hinchado. Dos dedos follando duro, pulgar en mi ano. ‘¡Me corro, Iris!’. Explosión, cuerpo arqueado, grito ahogado.
El secreto ardiente del pasillo
No paró. Tres dedos en mi coño, estirándome. ‘Te follo como a una perra’. Yo montándola, frotando coños. Clítoris contra clítoris, sudor mezclándose. Gemidos rítmicos, cama crujiendo. ‘Córrete conmigo’, jadeó. Orgasmo doble, chillidos eco en piso. Colapsamos, piel pegajosa, respirando agitado. ‘Eres una diosa’, susurró, besándome lento.
Al día siguiente, pasillo. Pasos lejanos. Ella saliendo, yo bajando cubos. Ojos encontrándose, sonrisas cómplices. ‘Buenas noches vecina’, guiñó. Manos rozándose accidental. Secreto quemando, coños recordando. Subí, tocándome pensando en más. El edificio ya no es el mismo.