La noche prohibida con mis vecinos del ático

Ayer por la tarde, oí pasos en el pasillo. Pesados, como de hombres con prisa. Miré por la mirilla: eran ellos, mis vecinos del ático. El padre, unos sesenta, canoso y fuerte; el hijo, veinteañero, atlético. Se metieron en el ascensor y yo… salí corriendo, con mi vestido negro ajustado, el de los botones perlados. […]