Mi vecina del quinto: un polvo prohibido en el ascensor

Era una noche de agosto asfixiante, de esas que te pegan la ropa al cuerpo como una segunda piel. Yo, tirada en el sofá del salón, con solo unas braguitas de encaje negro y el ventilador zumbando inútilmente. Los vecinos del quinto, esa pareja separada que se odiaban pero follaban como animales, siempre dejaban las […]