Estaba en mi balcón, fumando un cigarro tarde, con el aire fresco de la noche rozándome la piel. La luz de la luna filtraba por las persianas de enfrente, y de repente… los vi. Mis vecinos nuevos, él y ella, en su salón abierto. Ella de rodillas, chupándosela como loca, la polla gruesa entrando y saliendo de su boca con ruiditos húmedos. Él gemía bajito, agarrándole el pelo. Me quedé paralizada, el coño ya mojado solo de mirar. Apagué el cigarro rápido, pero no pude dejar de espiar. Se la folló contra la mesa, fuerte, con palmadas en el culo que resonaban. Joder, qué morbo.

Al día siguiente, en el ascensor, coincidí con él. Alto, moreno, olor a colonia fuerte. Subíamos solos, el zumbido del motor llenando el silencio. Nuestras miradas se cruzaron en el espejo. ‘Buenas noches’, dijo con voz ronca. Yo sonreí, nerviosa, sintiendo el calor subir. ‘Anoche… estabas en el balcón, ¿verdad?’, soltó de repente. Me quedé muda, el corazón latiendo fuerte. ‘Te vi mirando. Te gustó’. El ascensor paró en mi piso. Dudé, pero abrí la puerta. ‘Pasa… antes de que alguien venga’. Entró, y la puerta se cerró con un clic que sonó a sentencia.

La mirada que lo cambió todo

No hubo palabras. Me empujó contra la pared del pasillo, besándome salvaje, lengua dentro, manos por todas partes. ‘Sabía que eras una puta voyeur’, murmuró, bajándome los pantalones. Mi coño chorreaba, palpité cuando me metió dos dedos de golpe. ‘Mira cómo estás de húmeda por espiarnos’. Me arrodillé, saqué su polla tiesa, gorda, venosa. La lamí desde las huevos hasta la punta, saboreando el precum salado. ‘Chúpamela como mi mujer anoche’, gruñó. La tragué hasta la garganta, ahogándome un poco, pero joder, qué rico. Él jadeaba, ‘Sí, así, zorra’. Me levantó, me abrió las piernas contra la puerta. ‘Fóllame ya’, supliqué, desesperada.

Entró de una estocada, rompiéndome el coño, profundo. ‘¡Joder, qué prieta!’, rugió, bombeando fuerte. El pasillo crujía con cada embestida, plaf, plaf, mis tetas rebotando. Miedo a que los vecinos oyeran, pero eso me ponía más. ‘Cállate o nos pillan’, susurré, mordiéndome el labio. Él tapó mi boca con la mano, follándome más brutal, polla hinchada rozándome el punto G. Me corrí primero, temblando, chorros bajando por mis muslos. ‘Ahora mi culo’, pedí, girándome. Escupió en mi ano, empujó lento al principio, luego salvaje. Dolor-placer, grititos ahogados. ‘Te lo reviento’, jadeó, clavándome hasta los huevos. Sentía su verga pulsar, caliente.

El polvo brutal y el secreto compartido

Se corrió dentro, llenándome el culo de lefa espesa, goteando. Yo me toqué el clítoris, otro orgasmo me dejó KO. Sudados, jadeantes, nos vestimos rápido. ‘Vuelve cuando quieras’, le dije con sonrisa cómplice. Salió sigiloso.

Al día siguiente, cruzamos en el pasillo. Él con bolsas de la compra, yo con el pelo revuelto. Nuestras miradas se engancharon, un guiño rápido. Ella pasó detrás, ajena. Sonreí, sintiendo su semen seco aún. ‘Buenos días’, dijo él, voz normal. Pero sus ojos decían: ‘Anoche te follé como a una puta’. El secreto quema, delicioso. Ya planeamos la próxima, quizás con ella mirando desde el balcón.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *