Vivo en un viejo edificio en el centro, de esos con balcones que se miran y paredes finas. La otra noche, desde mi ventana, vi a mi vecina del tercero, esa rubia preciosa con curvas de infarto, llorando en su balcón. El gordo asqueroso del bajo, el usurero del barrio, la acorralaba gritando por una deuda de su padre. Ella temblaba, con la bata entreabierta dejando ver sus tetas firmes. Me mojé solo de imaginarlo.

Al día siguiente, en el ascensor, coincidimos. Él entró primero, sudado y baboso, rozándola. Yo pulsé mi piso, el quinto. Silencio pesado, el zumbido del motor. De repente, paro entre pisos. Luz tenue filtrando por la rendija. El cabrón intenta manosearla, ella se aparta. ‘¡Suéltame, cerdo!’, susurra. Yo… no sé qué me pasó. La empujé contra mí, le clavé una mirada que decía ‘confía’. Él balbuceó algo, pero le dije: ‘Tócala si te atreves, hijo de puta’. Puertas se abren en mi piso, lo echo a patadas.

La mirada indiscreta y la chispa en el ascensor

La llevo a mi ático, corazón latiendo fuerte. ‘Gracias… no sé qué habría pasado’, dice ella, Aliénor, se llama. Olor a su perfume mezclado con miedo. La abrazo, siento sus pezones duros contra mi pecho. ‘Quédate esta noche, es mi prima noctis’, bromeo, pero la tensión explota. Nos besamos como locos, lenguas enredadas, manos por todas partes. La tumbo en el sofá, le arranco la blusa. Tetas perfectas, rosadas, las chupo hasta que gime bajito, ‘shhh, los vecinos…’. Me encanta el riesgo.

Explosión de placer y el secreto del pasillo

Le bajo los pantalones, coño depilado, ya chorreando. ‘Estás empapada, puta’, le digo, y ella ríe nerviosa, ‘cállate y fóllame’. Le meto dos dedos, la masturbo fuerte, clítoris hinchado. Grita ahogado, ‘¡joder, sí!’. Me pongo de rodillas, le como el coño, lengua dentro, lamiendo jugos salados. Ella se retuerce, ‘me corro, ay Dios…’. La monto, polla dura como piedra, 20 cm listos. La penetro de un empujón, ‘¡qué prieta!’, ella araña mi espalda, ‘más profundo, rómpeme’. Follando brutal, sofá crujiendo, sudor goteando. Cambio posición, a cuatro patas, le azoto el culo rojo. ‘Grita mi nombre’, le ordeno, ‘¡Bérenger, fóllame más!’ –mi fantasía medieval. Le meto la polla en el culo, lubricado con su coño, ella llora de placer, ‘duele pero… no pares’. Bombeo fuerte, bolas golpeando, ella se corre otra vez, yo exploto dentro, semen caliente llenándola. Sudados, jadeando, oímos pasos en el pasillo. Silencio, risas cómplices.

A la mañana, en el pasillo, nos cruzamos. Ella sonrojada, bata floja mostrando moradura en el cuello. ‘Buenas noches vecina’, le digo guiñando. Sonríe pícara, ‘prima noctis inolvidable’. El gordo pasa, nos mira raro. Nuestro secreto quema, ya planeamos la próxima en el balcón, con vistas a todos.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *