Ayer por la tarde, desde mi balcón, lo vi. Carlos, el vecino del cuarto, médico guapo de unos 50, fumando en camiseta ajustada. La luz del atardecer filtraba por las persianas, marcando sus músculos. Nuestras miradas se cruzaron un segundo. Sentí un cosquilleo. Él sonrió pícaro, yo bajé la vista, pero mi coño ya palpitaba.

Tenía mal de barriga otra vez, como hace un mes. Bajé al ascensor, él entró en la planta de abajo. Aire cargado, olor a su colonia. ‘¿Todo bien, vecina?’, preguntó con voz grave. ‘Un dolor… aquí’, toqué mi vientre. Sus ojos bajaron. ‘Soy médico, pasa por mi piso, te echo un vistazo. Gratis’. Dudé, el ascensor pitó. Sus manos rozaron mi cintura al salir. Subí con él, corazón latiendo fuerte.

La mirada que lo cambió todo

En su salón, luz tenue, cortinas entreabiertas. ‘Quítate la blusa’, dijo profesional. Me palpó el vientre, manos cálidas, lentas. ‘Aquí duele… ¿y aquí?’. Sus dedos rozaron mi sujetador. ‘Necesito ver más abajo’, murmuró. Me bajé la falda, en bragas. Me tumbó en su sofá. ‘Abre las piernas’. Introdujo un dedo, ‘humedad… no es estómago’. Nuestros ojos se clavaron. ‘Eres preciosa’, soltó. La barrera cayó. Lo besé, furiosa.

Sus labios devoraron mi cuello, manos arrancando el sujetador. ‘Tus tetas… joder, qué duras’. Chupó mis pezones, mordiendo suave. Yo gemí, paredes finas, ¿nos oirán? Bajó, lamió mi coño depilado. ‘Estás chorreando, puta cachonda’. Lengua en mi clítoris, dedos dentro, follándome la boca del estómago. ‘¡Ah! ¡Sí, Carlos!’. Arqueé la espalda, el sofá crujió. ‘Cállate o nos pillan’, rió, metiendo dos dedos más. Me corrí explotando, jugos por sus manos.

Follada intensa y el secreto compartido

Se quitó los pantalones, polla gruesa, venosa, goteando. ‘Te voy a follar como mereces’. Me puso a cuatro patas, contra la ventana. Entró de golpe, llenándome. ‘¡Joder, qué prieta tu concha!’. Embestidas brutales, huevos golpeando mi culo. ‘¡Más fuerte! ¡Fóllame!’. Sudor, olor a sexo. Agarró mis tetas, pellizcando pezones. ‘Voy a correrme dentro, vecina’. Gruñí, otro orgasmo me sacudió. Él rugió, semen caliente inundándome, chorros interminables. Colapsamos, jadeando.

Al día siguiente, pasillo oscuro. Pasos eco. Él saliendo, yo con la compra. Nuestras miradas chocaron, sonrisa cómplice. ‘¿Mejor el dolor?’, susurró rozando mi mano. ‘Ahora sí… pero vuelve esta noche’. Bajó la vista a mi culo, guiñó. Secretos ardiendo, vecinos para siempre. Mi coño aún palpita recordándolo.

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