Me llamo Daniela, tengo 51 años, divorciada hace dos, viviendo sola en este bloque cutre de Madrid. Pelo corto moreno, unos kilitos de más, tetas grandes que caen un poco… nada especial, pero abierta al sexo como nunca. Me flipa el morbo de mirar o que me miren, el peligro de que nos pillen. Todo empezó hace una semana, una noche de tormenta. Estaba en mi balcón, fumando un piti, cuando vi luz en la ventana del vecino del quinto, José. Ese tío de 55, hombros anchos, pelo rizado negro, viudo creo. Lo pillé a través de las persianas entreabiertas: se había bajado los pantalones, polla dura en la mano, pajeándose fuerte. El ruido de la lluvia tapaba sus gruñidos. Me quedé clavada, coño mojado al instante. Apagué el cigarro y me metí dentro, pero no podía quitármelo de la cabeza.

Al día siguiente, en el pasillo, pasos resonando en el suelo de mármol frío. Bajaba las escaleras con bolsas de la compra cuando lo vi entrar en el ascensor. Nuestras miradas chocaron. ‘Buenas, Daniela’, dijo con esa voz grave, sonrisa pícara. ‘Buenas, José’. El ascensor pitó, subí. Silencio pesado, olor a su colonia mezclada con sudor. Se acercó un poco, rozó mi brazo. ‘Anoche… ¿viste algo?’, murmuró. Me puse roja, corazón latiendo fuerte. ‘Sí… y me gustó’. Dudé, pero el ascensor paró entre pisos por la tormenta. Luces parpadeando, truenos fuera. Él se giró, mano en mi nuca: ‘Joder, no aguanto más’. Me besó brutal, lengua rugosa invadiendo mi boca. Gemí bajito, miedo a que alguien llamara.

La Mirada Voyeur y la Tensión en el Pasillo

Sus manos everywhere. Me levantó la falda, palpó mi culo gordo. ‘Qué tetas, puta’, gruñó desabrochándome el sujetador. Se las metió en la boca, chupando pezones duros. Yo jadeando, ‘José, nos van a oír…’. Pero no paré. Le bajé la cremallera, saqué esa polla gorda, venosa, como la vi anoche. La chupé ansiosa, saliva goteando, él gimiendo ‘Sí, cabrona, trágatela’. Me puse de rodillas en el suelo sucio del ascensor, mamada profunda, bolas en la mano. Trueno fuerte, luz apagada un segundo. Me levantó, leggins abajo, culazo al aire. Dedos en mi coño empapado: ‘Estás chorreando, zorra’. Me empotró contra la pared, polla frotando mi raja. ‘Dime sí’, jadeó. ‘Fóllame ya, joder’. Entró de un empujón, abriéndome en dos. Dolor-placer brutal, gritito ahogado. Embestidas salvajes, plaf plaf contra mi carne. ‘Tu coño aprieta como una virgen’, rugió. Yo arañándole la espalda, tetas rebotando, ‘Más fuerte, que nos pillen’. El ascensor temblaba con la lluvia, gemidos mezclados con truenos. Sentí su polla hincharse, ‘Me corro dentro’, avisó. ‘Sí, lléname’. Chorros calientes inundándome, yo explotando en orgasmo, piernas temblando, lágrimas de gozo. Primera vez en años que me corro de verdad, cabeza en blanco.

El Baño de Lluvia y el Reencuentro Ardiente

Orgasmo tras orgasmo, él sin parar, animal rural follándome sin piedad. Al final, se vació todo, semen goteando por mis muslos. Nos reímos nerviosos, ajustando ropa a prisa. El ascensor arrancó, bajamos como si nada. ‘Gracias, Dani, ha sido la hostia’, beso en la frente. ‘Para mí también… secreto nuestro’. Salí flotando, coño palpitando.

Al día siguiente, cruce en el pasillo. Ojos cómplices, sonrisas calientes. ‘¿Otra vez el ascensor?’, susurró pasando rozándome el culo. ‘Cuando quieras, vecino’. El secreto quema, espero la próxima tormenta.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *