¡Madre mía, tengo que contároslo! Vivo en un edificio viejo en el centro, paredes finas y balcones que se miran de frente. Soy de esas que adora el morbo, el riesgo de que te pillen esbozando el coño al aire. Esa noche de verano, calor asfixiante, aire quieto. Salgo al balcón con una camiseta fina, sin bragas, sudando. De repente, luz filtrando por las persianas del balcón de enfrente. Mi vecina Laura, la del 4º, delgada, tetas firmes, con su novia. Eh… no sé cómo empezó, pero las oigo jadear. ‘¡Sí, lame más fuerte!’, grita ella bajito. Me asomo un poco, corazón latiendo. La novia de rodillas, lengua hundida en su chocho depilado, brillando con saliva y jugos. Laura arqueada contra la baranda, pezones duros, mano en la cabeza de la otra empujando. El aire fresco trae su olor, almizclado, excitante. Me mojo al instante, toco mi clítoris suave, suave… Me corro rápido, mordiéndome el labio para no gemir.
Al día siguiente, pasillo desierto, pasos lejanos. Entro en el ascensor, pulso 5º. Entra Laura, falda corta, blusa escotada, perfume dulce. Puertas cierran con clic metálico. Subimos, silencio pesado. ‘Buenas’, digo yo, mirándola fijo. Ella sonríe nerviosa. ‘Anoche… te vi desde mi balcón’, suelto de golpe. Se sonroja, ojos brillantes. ‘¿En serio? ¿Y qué viste?’. El ascensor tiembla, se para entre pisos. Luz parpadea. ‘Coño, estamos pilladas’, ríe ella. Nos miramos, tensión eléctrica. Mi mano roza su muslo. ‘Te vi correrte con la lengua dentro’, murmuro. Ella jadea, se acerca. ‘Me pusiste cachonda yo sola’. Nuestros labios chocan, besos húmedos, lenguas enredadas. Manos everywhere. Le aprieto las tetas, pezones duros bajo blusa. Ella mete mano en mi pantalón corto, dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando, guarra’, susurra.
La mirada voyeur desde el balcón
¡Joder, el calor del ascensor nos ahoga! Sudor perlando su cuello, lo lamo salado. Ella me empuja contra la pared, baja mi pantalón. ‘Shh, que oigan los vecinos’. Arrodillada, abre mis piernas, lengua directa al clítoris. Chupa fuerte, aspira mi chochito hinchado. ‘¡Ay, sí, así!’, gimo bajito. Dedos suyos dentro, curvados tocando punto G, follando rápido. Oigo pasos fuera, voces lejanas. Miedo y placer me vuelven loca. Me corro temblando, jugos en su boca. ‘Trágatelo todo’. Cambio, la siento en el suelo, falda arriba, tanga aparte. Su coño rosado, labios gordos abiertos, clítoris erecto. Hundo la cara, nariz en su pubis, lengua lamiendo de ano a clítoris. ‘¡Joder, métela más!’, pide ella, cadera moviéndose. Dos dedos en su culito apretado, tres en coño, bombeo fuerte. Gime alto, ‘¡Me corro, me corro!’. Chorrea en mi boca, sabor dulce ácido. Nos lamemos mutuamente, 69 apretadas, tetas frotando. El ding suena lejano, alguien llama. Nos vestimos a prisa, sudorosas, labios hinchados.
Ascensor arranca, salimos en mi piso. ‘Hasta mañana, vecina’, guiña ella. Al día siguiente, cruce en el pasillo. Luz mañanera filtrando. ‘Buenos días, ¿dormiste bien?’, digo pícaro, rozando su mano. Ella aprieta mi culo disimulado. ‘Con tu sabor en la boca, cómo no’. Secretos ardientes, miradas que prometen más. El edificio ya no es el mismo.