Vivo en un edificio antiguo de Barcelona, paredes finas como papel. La otra noche, oí ruidos… gemidos ahogados del piso de al lado. Era Javier, mi vecino, un tipo de unos 50, fornido, con esa barriga que me pone. Me acerqué a la ventana, abrí un poco las persianas. La luz de su salón filtraba, tenue. Le vi ahí, en el sofá, pantalones bajados, mano en la polla dura, meneándola lento. Murmuraba mi nombre… ‘Carmen, joder, Carmen’. Mi coño se mojó al instante. El corazón me latía fuerte, el aire fresco del balcón me erizaba la piel. Cerré los ojos, me toqué un poco, imaginando esa verga gorda entrando en mí.

💸Conviértete en modelo webcamMás del 50 % de los ingresos · Pagos diarios · 60 M de visitas/díaSaber más →

Al día siguiente, pasos en el pasillo, pesados, los suyos. Bajamos juntos al ascensor. Silencio espeso. Nuestras miradas se cruzan en el espejo. ‘Buenas, Carmen’, dice con voz ronca. ‘Buenas, Javier… ¿dormiste bien?’. Sonrío pícara. Él se acerca, huele a jabón y hombre. El ascensor arranca, viejo, traquetea. Su mano roza mi culo por ‘accidente’. No me aparto. ‘Anoche… te oí’, susurro. Sus ojos se encienden. ‘¿Sí? ¿Y qué viste?’. La tensión sube, el aire se calienta. El ascensor para entre pisos, luz parpadea. ‘Joder, no aguanto más’, gruñe, y me besa, lengua dentro, salvaje.

La mirada que encendió todo

Sus manos bajan mi falda, dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando, puta’, dice riendo bajito. Le bajo el pantalón, polla tiesa, venosa, gorda. ‘Chúpamela’, ordena. Me arrodillo en ese cubículo sucio, boca llena, saliva chorreando. Él gime, ‘Sí, así, tragátela entera’. Ruido de cables arriba, miedo a que arranque. Me pone contra la pared, piernas abiertas. ‘Te voy a follar aquí mismo’. Empuja, polla abriendo mi coño, dolor-placer. ‘¡Ay, joder, qué grande!’, gimo. Bombea fuerte, piel contra piel, slap-slap eco en el metal. Sudor nos pega, olor a sexo crudo. ‘Cállate o nos oyen los vecinos’, jadea, pero él gruñe más. Le araño la espalda, ‘Más fuerte, rómpeme el coño’. Siento su polla hincharse, bolas contra mi culo. ‘Me corro… agárrate’. Chorros calientes dentro, yo tiemblo, orgasmo brutal, piernas flojas. Gemidos ahogados, mordiéndonos.

El clímax en el peligro del edificio

El ascensor arranca de golpe, nos separamos riendo nerviosos. Bajamos, él ajusta pantalones, yo falda arrugada. ‘Hasta mañana, vecina’, guiña. Asiento, coño goteando semen.

Al día siguiente, pasillo oscuro, luz fluorescente zumbando. Nos cruzamos, carteros repartiendo. ‘Buenos días’, dice normalito, pero su mano roza la mía, secreta. Sonrío, ‘Sí, muy buenos’. Oímos puertas abrirse, pasos lejanos. Ese secreto quema, me moja de nuevo. Sé que pasará otra vez… el riesgo, el prohibido, es adictivo.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *