Joder, no sé por dónde empezar. Vivo en un edificio viejo en el centro, paredes finas, balcones pegados. La otra noche, fumaba en el mío, aire fresco de medianoche rozándome la piel. Luz tenue filtrando por las persianas del vecino, Alain, el tipo musculado del piso de al lado. Eh… lo vi. Desnudo, polla tiesa en la mano, pajéandose lento. Gruñía bajito, sudor brillando bajo la bombilla. Me quedé clavada, coño palpitando. ¿Me vio? No sé, pero desde entonces, cada cruce en el pasillo era fuego.
Pasos en el corredor, eco hueco. Nos miramos en el ascensor ayer, solos. ‘Buenas noches’, murmuró, voz ronca. Su cuerpo cerca, olor a jabón y hombre. Rozó mi culo ‘sin querer’ al entrar. ‘Perdón’, dijo, pero ojos comiéndome. Subimos, silencio pesado, mi falda corta subiendo por muslos. Sentí su mirada quemando. Puertas abrieron, pero algo… tensión. ‘Eva, ¿verdad?’, preguntó, sonriendo de lado. Asentí, garganta seca. Barriera caída esa noche.
La mirada furtiva y la tensión que sube
Llovía fuerte, truenos. Bajaba a por algo, ascensor para entre pisos. Luz parpadea, oscuridad. ‘Mierda’, susurró Alain, pegado a mí. Cuerpo contra cuerpo, polla dura contra mi vientre. ‘Tranquila’, dijo, mano en mi cintura. Dudé, pero… besé su cuello. ‘Joder, Eva…’, jadeó. Manos subieron falda, bragas bajadas de un tirón. Dedos en mi coño, ya empapado. ‘Estás chorreando’, gruñó, frotando clítoris. Gemí, mordiéndome labio. Miedo: ¿paredes oyen? Vecinos arriba…
El clímax brutal y el secreto ardiente
Me giró contra espejo, tetas fuera, pezones duros. Chupó uno, mordió suave. ‘Quieta, o nos pillan’, susurró, excitado. Bajó pantalón, polla gorda saltando, venosa, cabeza roja. Me abrió piernas, frotó contra labios hinchados. ‘Entra ya’, supliqué, voz rota. Empujó, coño tragándosela entera. ‘¡Hostia, qué apretada!’, rugió bajito. Follando fuerte, pellizcos nalgas, bolas golpeando. Sudor goteando, olor sexo llenando caja metálica. ‘Más, joder, rómpeme’, ahogué gemido. Él aceleró, mano en boca. ‘Córrete, puta vecina’. Orgasmo brutal, piernas temblando, chorro mojando suelo. Él gruñó, llenándome semen caliente, chorros dentro.
Ascensor zumbó, luz volvió. Nos arreglamos rápido, risas nerviosas. ‘Nuestro secreto’, guiñó saliendo. Al día siguiente, pasillo desierto. Pasos míos, crujen. Él sale, mirada cómplice. ‘Buenos días, Eva’, voz inocente, pero polla medio dura bajo bata. Sonreí, rozando brazo. ‘Shh, no digas nada’. Corazón latiendo, coño aún sensible. Prohibido, cerca, adictivo. ¿Repetimos? Joder, sí.