Estaba en mi balcón, fumando un cigarro a las tres de la mañana. El aire fresco me erizaba la piel bajo el camisón fino. Del piso de enfrente, en el quinto como el mío, filtraba luz por las persianas mal cerradas. Me asomé un poco, curiosa. Ahí estaba él, Nico, mi vecino el del gym. Desnudo, de pie frente al espejo, con la polla dura en la mano. La pajeaba despacio, gimiendo bajito. Sus abdominales se contraían, el sudor brillaba en su pecho. Me quedé clavada, el coño me palpitaba. Apagué el cigarro y me metí en casa, pero esa imagen me quemaba.
Al día siguiente, en el ascensor. Vacío, solo nosotros dos. Él entró oliendo a colonia fresca, camiseta ajustada marcando paquete. Nuestras miradas se cruzaron, recordé su polla gruesa. ‘Buenas’, murmuró, voz ronca. El ascensor bajó lento, paró entre pisos por un fallo. Oscuridad casi total, solo luz de emergencia. ‘Mierda’, dijo él, acercándose. Su aliento en mi cuello. Sentí su mano rozar mi culo por ‘accidente’. No me aparté. ‘¿Viste algo anoche?’, susurró, presionando contra mí. Mi corazón latía fuerte. ‘Tu polla, cabrón’, respondí bajito, girándome. Nuestros labios chocaron. Lenguas salvajes, manos por debajo de la falda. El ascensor zozobró, pero no pulsé nada. Bajamos a su piso, puerta abierta de prisa.
La mirada furtiva que encendió la chispa
Entramos tropezando. ‘Shh, no despiertes a los vecinos’, jadeó él tirándome al sofá. Me arrancó las bragas, las olfateó. ‘Hueles a puta cachonda’. Le bajé los pantalones, su polla saltó, venosa, cabezota roja. La chupé honda, saliva chorreando, él me follaba la boca. ‘Joder, qué garganta’. Me puso a cuatro patas, culo en pompa. ‘Quiero tu ano, ¿lo has probado?’. ‘Solo por atrás, soy virgen por delante’, mentí excitada. Sacó lubricante del cajón, untó mi ojete. Dedo primero, despacio, girando. ‘Relájate, zorra’. Dolía rico, gemí tapándome la boca. Dos dedos, estirándome. Clit hinchado, me corrí chorreando.
El culo apretado y los gemidos que casi nos delatan
‘Ponte condón’, dije. Él lo desenrolló torpe, riendo. Me clavó la polla en el culo de un empujón. ‘¡Aaaah!’, grité, mordiendo cojín. Entraba y salía, chapoteo húmedo, bolas golpeando coño. ‘Tu culo es mío, aprieta’. Follaba brutal, sofá crujía. ‘Cállate o nos pillan’, gruñó, tapándome boca. Gemía igual, ‘¡Más fuerte, rómpeme!’. Sudor goteaba, olor a sexo llenaba aire. Me corrí otra vez, ano contrayéndose. ‘Quítatelo, córrete dentro’. Desenfundó, polla palpitante. Empujones profundos, ‘¡Me vengo!’. Chorros calientes inundaron mi recto, rebosando. Nos derrumbamos, polla aún dentro, semen escurriendo muslos.
Se fue a sus clases a las siete, beso rápido. ‘Guarda el secreto’. Yo recogí, culo dolorido ardiendo placer. Al día siguiente, pasillo. Él salía, yo entraba. Miradas cómplices, sonrisa pícara. ‘¿Anchoas?’, bromeó recordando excusa tonta. Le guiñé ojo, coño mojado de nuevo. Pasos en escaleras, vecinos cerca, pero nuestro fuego quema callado. Cada noche miro balcón, esperando señal.