Ayer por la tarde, eh… salía de casa con mi falda cortita, esa que deja ver las medias negras hasta medio muslo. El ascensor llega, entro y ahí está él, el vecino del ático. Moreno, alto, con esa camiseta ajustada que marca los pectorales. Nuestras miradas se cruzan, sonrío un poco, él me dice ‘Buenas tardes, preciosa’. Su voz grave me eriza la piel. Estamos solos, el aire se carga de golpe. Siento su mirada bajando por mis tetas, que hoy llevo escotadas, pezones duros rozando la blusa. El ascensor sube lento, paramos en el 3º, nadie entra. Me acerco un paso, ‘Hace calor aquí, ¿no?’, le digo juguetona. Él se ríe, ‘Sí, y tú lo pones peor’. Su mano roza mi cadera accidentalmente, pero no se aparta. El corazón me late fuerte, huelo su colonia mezclada con sudor. Llego a mi piso, pero… ‘Sube a tomar algo’, me suelta él, puerta en mano. La barrera cae. Entro en su ático, luces tenues, balcón con vistas al edificio entero.

Cerramos la puerta, y zas, me empotra contra la pared. ‘Joder, te como desde el primer día’, gruñe besándome el cuello. Le bajo los pantalones, su polla salta dura como piedra, gorda, venosa. Me arrodillo, ‘Déjame probarla’, digo lamiendo el capullo. Chupa chupa, saliva por todos lados, él gime ‘Sí, cabrona, trágatela’. Me folla la boca profundo, bolas en mi barbilla, gárgaras con su rabo. Me pone de pie, arranca mi blusa, tetas fuera. Las amasa, pellizca pezones ‘Estas ubres son para mamar’. Me chupa los pechos, muerde, yo jadeo alto, ‘Cállate o nos oyen’, dice, pero me da igual el riesgo. Me gira, baja mi tanga, ‘Mira qué coño depilado y húmedo’. Dedos dentro, chapoteo, clítoris hinchado. ‘Fóllame ya’, suplico. Me clava la polla de un empujón, ‘¡Aaaah!’, grito. Pum pum pum contra la encimera, tetas botando, sudor goteando. Oigo pasos en el pasillo de fuera, vecinos cerca, el morbo me moja más.

La mirada que enciende todo en el ascensor

Cambiamos, al sofá. ‘Ahora el culo, puta’, ordena. Saliva en mi ojete, dedo primero, luego dos, me abre. Empujo atrás, ‘Métemela toda’. Su verga entra lenta, quema rico, ‘Joder qué prieto’. Me taladra el culo, mano en mi coño frotando. Gimo ahogado, ‘Más fuerte, rómpeme’. Llama a su colega del piso de al lado, ‘Ven, esta vecina es una perra en celo’. Entra el otro, polla fuera, me la mete en boca mientras el primero me encula. Doble penetración brutal, pollas rozándose dentro separadas por pared fina. ‘Trágala, zorra’, dice el nuevo, lefa precumming en mi lengua. Me corro gritando, coño chorreando. Cambian, ahora doble en el coño, me estiran, dolor-placer loco. ‘¡Voy a reventar!’, chillo bajito. Explosiones: uno me llena el culo de leche caliente, chorros dentro. El otro saca, me pinta tetas, cara, pelo. Leche goteando por mi piel, la unto, masturbo mi clítoris con ella pegajosa. Boca abierta, trago lo que puedo, resto chorrea barbilla.

Agotados, nos derrumbamos. Él me besa, ‘Eres una diosa viciosa’. Me visto, semen seco en mis medias, coño y culo palpitando. Salgo, puerta cierra suave. Al día siguiente, pasillo. Él pasa con bolsas, yo con bata transparente debajo. Nuestras miradas: fuego puro. ‘Buenos días, vecina’, guiña. Sonrío, ‘Repetimos cuando quieras’. El secreto quema, cada crujido de la madera me excita recordando. Sé que el edificio entero podría oler a sexo prohibido.

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