Vale, os lo cuento como si acabara de pasar. Vivo en un edificio viejo en el centro de Madrid, paredes finas, ruidos que se cuelan por todos lados. Hace una semana, nueva en el piso del tercero, curioseando desde el balcón con una birra en la mano. La noche era cálida, aire pegajoso, y de repente… oigo gemidos. Del quinto, el vecino ese, alto, moreno, con esa camiseta ajustada que marca pectorales. Sus cortinas entreabiertas, luz tenue filtrándose. Él con su novia, o lo que sea, contra la pared del salón. Ella de rodillas, chupándosela. Polla gorda, venosa, saliendo y entrando en su boca. Tragué saliva, coño, me mojé al instante.
No pude apartar la vista. Él la agarra del pelo, folla su boca con fuerza, gruñe bajito. ‘Joder, qué buena estás’, masculla. Ella gorgotea, saliva chorreando. Yo, quieta, mano en el muslo, rozándome sin darme cuenta. El corazón me late fuerte, ¿y si me pillan? Ese morbo de espiar, de ser la voyeur del edificio… Me excita a morir. Cierro los ojos un segundo, imagino su polla en mi boca, dura como piedra.
La mirada que lo cambió todo
Al día siguiente, ascensor. Entro, él ya dentro, oliendo a colonia fresca. Nuestras miradas chocan. Sonrío tonta, él arquea la ceja. ‘Buenas noches’, dice con voz grave. Silencio pesado, el ascensor sube lento, vibrando. Siento su calor a un metro. ‘Oí algo anoche… paredes finas, ¿eh?’, suelto, juguetona. Se ríe, se acerca un paso. ‘¿Sí? ¿Y qué oíste exactamente?’ Su aliento en mi cuello. El ascensor para en mi piso, pero no salgo. Puerta se cierra. ‘Ven’, murmura, pulsando el quinto. Manos en mi cintura ya, besos urgentes. Labios calientes, lengua invasora. ‘Eres la del tercero, ¿verdad? Te vi en el balcón.’ Joder, me vio. El frisson me recorre.
Llegamos a su piso, puerta cierra con clic. Oscuridad, solo luz de calle colándose por persianas. Me empuja contra la pared, misma del salón que espié. Falda arriba, braga a un lado. Dedos en mi coño, ya empapado. ‘Estás chorreando, puta curiosa’, ríe. Gimo, ‘Sí, te vi follarle la boca… quiero la tuya.’ Polla fuera, enorme, tiesa. Me arrodillo, la trago entera. Sabe a hombre, a sudor limpio. Él gime fuerte, ‘¡Calla, coño, que nos oyen!’ Pero folla mi garganta sin piedad, bolas golpeando mi barbilla. Saliva por todos lados, arcadas deliciosas.
El clímax en la oscuridad
Me levanta, piernas alrededor de su cintura. Polla en mi coño de un empujón. ‘¡Aaaah!’, grito bajito. Me llena, estira mis paredes. Bombeamos duros, pared temblando. Sudor goteando, tetas rebotando fuera del sujetador. ‘Fóllame más fuerte, joder’, suplico. Él obedece, plac plac de carne contra carne. Oigo pasos en el pasillo, vecinos… el miedo me aprieta más el coño. ‘Córrete dentro, no pares’, jadeo. Él acelera, gruñe, ‘Toma mi leche, zorra vecina.’ Caliente, espeso, me inunda. Yo exploto, temblores, uñas en su espalda.
Caemos al suelo, jadeando. Besos lentos, risas nerviosas. ‘Mañana no digas nada’, susurra. Asiento, coño goteando semen.
Hoy, pasillo. Él bajando con bolsas. Nuestras miradas: fuego puro, sonrisa pícara. ‘Buen día’, dice normalito. Paso rozándole el brazo, guiño. Secretos calientes, ya quiero más. ¿Y si la próxima en el balcón?