Ayer por la tarde, el puto ascensor se averió otra vez. Todo el edificio estaba de bajada, con bolsas de la compra, niños gritando… Yo iba con mi falda ligera, esa que se sube sola con el calor. Empujones por todos lados. Me cuelo, pero acabo aplastada contra la pared del fondo. Detrás de mí, noto un cuerpo duro. Reconozco el olor… es él, mi vecino del 4ºB. Ese cuarentón con traje, siempre con esa sonrisa pícara cuando nos cruzamos en el rellano.

El ascensor traquetea, frena en seco. Me pego más a él. ‘Perdón’, murmuro, girando la cabeza un poco. Su aliento cálido en mi nuca: ‘Tranquila, está rico así’. Su voz grave, juguetona. No me muevo. Siento su paquete endureciéndose contra mi culo. A cada parada, más gente, menos espacio. Su mano roza mi cadera ‘sin querer’. Luego, sube despacio por mi falda. Dedos juguetones en el borde de las bragas. El corazón me late fuerte. ¿Y si alguien ve? El ding del ascensor, voces lejanas… pero nadie mira.

La tensión sube en el ascensor abarrotado

Sus dedos se cuelan debajo. Roza mi raja, presiona el ano. Me estremezco. Quiero parar, pero… joder, me moja. Muevo el culo un poco, como diciendo ‘sigue’. Él gime bajito en mi oreja. El ascensor para en mi planta. La puerta se abre, gente sale. Yo dudo. Él susurra: ‘Sube a mi piso, anda’. La puerta va a cerrarse. Me meto rápido. Solo quedamos él y yo. Pulsamos 4ºB. Sus manos ya me amasan las tetas por detrás.

Llegamos. Abre la puerta de un empujón, me arrastra dentro. La luz tenue del salón, persianas entreabiertas. Me gira, me besa con hambre. Boca a boca, lenguas enredadas. ‘Joder, qué culo tienes’, gruñe. Me baja la falda de un tirón, las bragas al suelo. Yo le desabrocho el pantalón. Su polla salta fuera, gorda, venosa. La agarro, la aprieto. ‘Mira qué dura está por ti’. Se relame.

Me empuja al sofá. Piernas abiertas, me come el coño. Lengua en el clítoris, dedos dentro, chapoteando. Gimo fuerte, pero tapo la boca. ‘Calla, que nos oyen los vecinos’, dice riendo. Me da igual. Le chupo la polla, enorme, apenas cabe en mi boca. Babas por todos lados. Me atraganto, pero sigo. ‘Fóllame ya’, le suplico.

El sexo salvaje en su piso y el secreto compartido

Me pone a cuatro patas. Escupe en mi coño, mete la polla de un golpe. Duele y flipa a la vez. Me llena entera, el glande choca en el fondo. Embestidas brutales, plaf plaf contra mi culo. Sudor goteando, el sofá cruje. ‘¡Más fuerte!’, grito. Él me tapa la boca. ‘Shhh, la del 4ºA es cotilla’. El miedo me excita más. Cambio de posición, me monta encima. Yo reboto, tetas saltando. Siento su polla hincharse. ‘Me corro dentro’, avisa. ‘Sí, lléname’. Eyacula chorros calientes, yo exploto temblando, uñas en su pecho.

Caemos exhaustos. Besos suaves, risas nerviosas. ‘Ha sido una locura’, digo. Se ducha conmigo rápido. Me visto, salgo. Noche intranquila, pensando en su polla.

Hoy, en el pasillo, nos cruzamos. Él con café, yo con la basura. Nuestras miradas se clavan. Sonrisa cómplice. ‘Buenos días, vecina’, guiña. Bajo la voz: ‘Repetimos pronto?’. Asiente. El ascensor llega, vacío. Entro sola, sonriendo. Ese secreto quema, y me encanta.

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