Ayer por la tarde, estaba en mi balcón fumando un cigarro, con el aire fresco rozándome las piernas. La luz del atardecer filtraba por las persianas del vecino del 4ºB. Y ahí lo vi. Desnudo, saliendo de la ducha, agua goteando por su pecho musculado, pero no exagerado. Su polla colgando, gruesa incluso en reposo. Me quedé paralizada, el corazón latiéndome fuerte. ¿Me vio? Bajé la vista, pero ya era tarde. Sentí un calor entre las piernas.

Esa noche, en el ascensor. Bajaba al garaje y entró él, con esa sonrisa pícara. ‘Buenas noches, vecina’, dijo, su voz grave. El espacio era pequeño, olía a su colonia mezclada con sudor del gym. Nuestros cuerpos se rozaron cuando el ascensor dio un leve brinco. ‘Perdón’, murmuró, pero su mano se quedó un segundo en mi cintura. Subí la mirada, sus ojos negros clavados en mí. ‘Te vi en el balcón’, soltó de repente. Tragué saliva. ‘¿Y qué viste?’, pregunté, juguetona. ‘Lo suficiente para no dormir’. La tensión era eléctrica. El ascensor se paró entre pisos. ‘Mierda’, dijo. Pero no pulsó nada. Se acercó más, su aliento en mi cuello. ‘¿Quieres que te muestre lo que vi yo?’, susurró. Mi coño ya estaba mojado. Asentí, sin palabras.

La mirada que lo cambió todo

Sus labios chocaron contra los míos, duros, urgentes. Me empujó contra la pared metálica, fría en mi espalda. Sus manos subieron mi falda, rasgando las bragas de un tirón. ‘Joder, estás empapada’, gruñó. Metió dos dedos dentro, bombeando rápido. Gemí, tapándome la boca. ‘Shh, no queremos que nos oigan los del 2º’, dijo riendo bajito. Le bajé la cremallera, saqué su polla tiesa, venosa, enorme. La chupé con ganas, lengua alrededor del glande, tragándomela hasta la garganta. Él jadeaba, ‘Qué boca, puta’. Me levantó una pierna, me penetró de golpe. ‘¡Ah!’, ahogué el grito. Follando fuerte, el ascensor temblaba. Su polla me llenaba, rozando mi punto G. Sudor goteando, nuestros jadeos resonando. ‘Más profundo, joder’, supliqué. Me dio la vuelta, me arqueó contra la puerta. Entró por detrás, azotando mi culo. Cada embestida un plaf plaf húmedo. Oí pasos en el pasillo de arriba, nos paramos. Corazón desbocado. ‘Sigue’, susurré. Reanudó, más salvaje. Sentí el orgasmo venir, exploté temblando, coño contrayéndose alrededor de su verga. Él se corrió dentro, chorros calientes llenándome. ‘Toma mi leche, vecina zorra’.

El clímax en la oscuridad

Se apartó, jadeando. Pulsó el botón, el ascensor bajó. Me arreglé la falda, semen goteando por mis muslos. Salimos al garaje, él guiñó un ojo. ‘Hasta mañana’. Dormí poco, reviviendo cada segundo, el riesgo de que alguien pulsara el botón…

Hoy, en el pasillo. Pasos en el suelo de mármol. Él saliendo de su puerta, yo de la mía. Nuestras miradas se cruzan, sonrisa cómplice. ‘Buenos días’, dice normalito. Pero bajo su pantalón, sé que está dura recordando. Paso rozándole el brazo, susurro ‘Esta noche, mi piso’. El secreto quema, el edificio entero ignora nuestro polvo prohibido. El ascensor nunca fue tan excitante.

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