Ay, chicas, os cuento lo que me pasó hace unos días con mi vecino del quinto. Vivo en este viejo edificio de Madrid, paredes finas como papel, siempre oigo los pasos en el pasillo, el ascensor quejándose… Marco, el viudo guapo, alto, con barba oscura y cuerpo de obrero. Su mujer murió hace poco, pobre, y desde entonces lo veo por el balcón, fumando solo, con esa mirada perdida.

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Una noche de calor, las persianas entreabiertas dejan filtrar la luz de su salón. Estoy en mi sofá, con una copa de vino, y… joder, lo pillo masturbándose. La polla enorme, gruesa, venosa, en la mano derecha, moviéndose lento. Gime bajito, el sonido cruza el aire fresco del balcón. Me mojo al instante, coño palpitando. ¿Debería apartar la vista? No puedo. Él gira la cabeza, me ve… y no para. Sonríe, acelera. Me corro solo de mirarlo, piernas temblando.

La mirada que lo cambió todo

Al día siguiente, en el ascensor. Estamos solos, olor a su colonia mezclada con sudor. ‘Buenas’, dice con voz ronca. Yo, ‘Hola, qué tal… ¿dormiste bien?’. Silencio pesado, sus ojos en mis tetas. El ascensor para entre pisos, luz parpadea. ‘¿Sabes que te vi anoche?’, murmura, acercándose. Su aliento en mi cuello. ‘Yo también te vi a ti, mirándome como puta en celo’. Mi corazón late fuerte, mano roza su paquete, ya duro. ‘Entra en mi piso’, susurra, pulsando el botón. Puertas se abren en su rellano, tiramos dentro.

Cerramos de golpe, ni hola ni nada. Me empuja contra la pared del pasillo, boca en mi boca, lengua invasora. Manos bajo mi falda, dedo en mi coño empapado. ‘Joder, qué mojada estás, zorra vecina’. Le bajo el pantalón, polla saltando libre, cabezota brillante. Me arrodillo, la chupo ansiosa: saliva chorreando, bolas pesadas en mi mano. Él gime fuerte, ‘Cállate, que nos oyen los del 4º’. Miedo me excita más, succiono hondo, garganta llena.

El clímax en la oscuridad

Me levanta, falda arriba, bragas a un lado. Me penetra de un empujón, polla abriéndome entera. ‘¡Ahhh, coño, qué prieta!’. Bombeos salvajes, tetas rebotando, paredes temblando. Oigo pasos en el pasillo… ¿vecinos? Él tapa mi boca, acelera: plac-plac de huevos contra mi culo. Me corro gritando en su mano, chorros bajando piernas. Él ruge, ‘Toma mi leche, puta’, y eyacula dentro, caliente, abundante. Nos quedamos jadeando, semen goteando al suelo.

Sale de mí despacio, beso húmedo. ‘Vuelve cuando quieras, vecina’. Limpio con kleenex, salgo temblando. Al día siguiente, cruzamos en el pasillo. Sus ojos brillan, mano roza mi culo disimulado. ‘¿Otra noche?’, susurra. Sonrío, coño ya húmedo. ‘Shhh, no hables alto’. Pasos de vecinos acercándose, secreto ardiendo entre nosotros. Cada mirada ahora es promesa de más.

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