Hola, soy Laura, vivo en el cuarto piso de este edificio burgués del sur. Nueva aquí con mi niña de tres años, viuda desde hace dos. El lunes el consultorio del dentista del bajo está cerrado, pero mi pequeña lloraba con la muela saliendo. La bajé en pijama, yo con chándal blanco ajustado, sin sujetador porque urgencia total.
Llamé insistentemente. Abrió él, Nicolás, unos cuarenta, canoso atractivo, soltero empedernido. ‘Pasa, veamos’. La senté en la silla, me incliné… y vi cómo sus ojos se clavaban en mis tetas. Redondas, firmes, pezones oscuros asomando por la cremallera medio abierta. Sentí el calor subiendo. ‘Siente aquí la muela’, le guie la mano, rozando la mía. Su voz ronca: ‘Es enorme…’. Yo sonriendo: ‘¿La muela o…?’. Bajé más la cremallera. ‘Me encantan tus tetas’. Las saqué del todo, las apreté. ‘Tócame’. Él las masajeó, chupó un pezón. La niña dormía ya con el bálsamo.
La casualidad que enciende la tensión
Subí nerviosa, pero el ascensor pitó. Entró él con papeles. Cuerpos pegados, su aliento en mi cuello. ‘Esta noche, ¿cena en mi piso?’. Asentí, corazón latiendo. Pasos en el pasillo, vecinos cerca. El riesgo me ponía cachonda.
A las ocho, sonó el timbre. Vino con flores y cena traída. Porto en mano, en el sofá. ‘¿Cómo va la niña?’. ‘Bien, en casa de mis padres’. Moví las piernas, dejando ver las ligas bajo la falda. Sus ojos hambrientos. ‘Me muero por follarte’. Me abrí de piernas: ‘Hazlo ya’. Pero aguantamos, comimos. Luz tenue, velas. ‘Desde que murió mi marido, solo me masturbo. Quiero polla de verdad’.
Me quité la blusa, tetas libres. Se lanzó, mamándolas fuerte. Gemí bajito, ‘shhh, nos oirán los vecinos’. Mordió pezones, mano en mi coño empapado. ‘Estás chorreando’. Bajó la falda, porte-jarretelles, tanga. Me puso a cuatro en el sofá. ‘Qué culazo’. Lamía mi raja, lengua en el clítoris. ‘¡Joder, sí!’. Polla dura contra mi muslo. ‘Fóllame fuerte’.
El clímax brutal y el secreto compartido
Me penetró de golpe, polla gruesa llenándome. ‘¡Ay, qué prieta tu concha!’. Embestidas salvajes, sofá crujiendo. ‘¡Más, rómpeme!’. Sudor, olor a sexo. Oí pasos en el pasillo, ‘¡Calla, nos pillan!’. Eso me hizo correrme, coño apretando su verga. Él gruñó, ‘Me corro dentro’. Chorros calientes, temblando. Colapsamos, besos salados.
Agotados, dormimos abrazados. Mañana, sol filtrando persianas. Desayuno rápido, él se fue a su piso.
Bajé con la niña. En el pasillo, cruzamos. Sonrisa cómplice, roce de manos. ‘Buen día, vecina’. Ojos diciendo ‘anoche te follé como una puta’. Calor en el coño recordándolo. Pasos del viejo Bastrou acercándose, secreto ardiendo entre nosotros. Cada ascensor, cada mirada, promesa de más.