Estaba en el balcón, con el aire fresco de la noche rozándome la piel, fumando un cigarro. La luz amarilla del pasillo se filtraba por las rendijas de la persiana. De repente, pasos apresurados, como si alguien corriera descalzo. Era Lucía, la vecina del 3ºB. Rubia, ojos azules que te derriten, 21 años, estudiante que viene en verano de Holanda. Llevaba un albornoz corto, ceñido, y temblaba.
—Carmen… ¿puedes… ayudarme? Es que… joder, qué vergüenza.
El encuentro inesperado en el pasillo
Sus manos frías en las mías. Ojos rojos, casi llorando. La metí en mi piso rápido, el corazón latiéndome fuerte. El pasillo vacío, pero siempre hay oídos en este edificio viejo.
—Dime, preciosa. ¿Qué pasa?
Baja la vista, mordiéndose el labio. —Probé un plug anal… de mis juguetes. El anillito se rompió. Está atascado en mi culo. No sale. Por favor…
Me quedé muda un segundo. Imaginé su culito prieto con esa joya roja brillando. El frisson del peligro me mojó al instante. —Venga, subamos a tu piso. Discreto.
Subimos en el ascensor, tensión en el aire. Su albornoz se abre un poco, veo sus tetas firmes. Nuestros brazos se rozan. Llego a su puerta, entramos. En su cama, vibradores esparcidos, porno en la pantalla pausado. Se gira, duda. —Prométeme que no dirás nada.
—Juradito, Lucía. Muéstramelo.
Se quita el albornoz. Cuerpo perfecto: piernas largas, coño depilado, tetas apuntando. Se pone a cuatro patas en la cama, echa culito atrás. —Aquí…
Joder. Su ano dilatado, la piedra roja incrustada. Huele a sexo, a su excitación. Mi coño palpita. El vecino de al lado podría oírnos si gritamos.
El rescate que acabó en follada salvaje
Cojo lubricante de su mesita. Me pongo detrás, dedo untado. —Relájate, cielo. Voy a masajearte.
Mi dedo rodea su ano, suave, presionando. Ella gime bajito. —Ahh… sí, así. Lubrico bien, meto la punta del dedo junto al plug. Gira lento. Su culo se abre más, resbala. —¡Joder, Carmen, me estás volviendo loca!
Tiro suave, giro con los dedos. La primera bola sale pop, su ano queda abierto, rosado. Ella jadea, coño chorreando. —No pares… méteme los dedos en el coño mientras.
La penetro con dos dedos en su chochito empapado, follándola lento. Ella empuja contra mí. —¡Más fuerte! Quiero correrme con esto dentro.
Gira el plug entero, sale la segunda bola. Lucía explota: —¡Me corro! ¡Hostia, sí! Chorrea jugo en mis manos, tiembla toda. Yo no aguanto, me bajo los pantalones, coño al aire. —Ahora a mí, lame mi clítoris.
Se gira, boca en mi coño, lengua chupando fuerte. —Tu coño sabe a miel, Carmen. Yo froto su clítoris hinchado, meto tres dedos en su culo lubricado. Follamos así, crudo, sudorosas. Gemidos altos, pero mordiéndonos los labios por el miedo. —Calla, que nos oyen los del 3ºA. —¡Que oigan, joder, que sepan lo puta que soy!
La monto, tribbing nuestros coños resbaladizos. Clítoris contra clítoris, frotando salvaje. Ella grita en mi cuello, yo me corro gritando su nombre. Olas de placer, cuerpos pegados, olor a sexo puro. El plug sale al fin, rueda por la cama.
Al día siguiente, en el pasillo. Luz mañanera filtrando. Nos cruzamos, sonrisas culpables. Su mano roza la mía. —Gracias por… salvarme el culo. —Cuando quieras, repito. El secreto quema entre nosotras, el ascensor nos espera vacío mañana.