Vivo en un edificio viejo del centro, paredes finas como papel. Anoche, desde mi cama, oí todo. Las vecinas del 3B, Jessica la morena alta y despampanante, y Fleur la rubia con ese culo enorme que rebota al andar. Sus risitas se convirtieron en gemidos. ‘¡Para, joder… oh sí, ahí! Más despacio…’. Me puse cachonda al instante. Mi coño se mojó solo de imaginarlas lamiéndose. El marido roncaba a mi lado, pero yo me toqué disimulando, con los dedos resbalando en mi humedad.

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Hoy bajé al lavadero común del sótano. Ruidoso, con máquinas traqueteando y ese olor a humedad y detergente. Estaba Pablo, el vecino atlético del 4A con su novia Laura, pechugona y un poco rellenita pero con tetas que invitan a morder. Y el tío raro del ático, Víctor, siempre gruñón. De repente, saca una braga enorme, gris y raída. ‘¡Esto es asqueroso! Limpiad después de vosotros, coño. Fleur, fuiste tú antes que yo’. Ella se pone roja. ‘¡Tengo un culo grande pero llevo tangas que te mueres!’. Se sube la camiseta, desabrocha el vaquero ajustado y saca un hilo negro diminuto. Risas. Todos miramos.

La tensión sube en el sótano compartido

Laura dice ‘Yo no soy’, pero Víctor insiste. Ella se quita la parte de arriba de su mono, deja ver un sujetador rojo transparente, pezones duros asomando. Se gira, baja el short: tanga rojo comiéndose sus nalgas firmes. Pablo la mira negro, pero su polla marca paquete. Jessica se une, sube su falda, piernas eternas, bronceado integral, culo perfecto sin marca. Se pone frente a Pablo, provocona. Todos calientes, el aire espeso.

Llegan mis ojos a mí. ‘¿Y tú, Carmen?’. Me sonrojo. ‘No llevo…’. ‘¡Muéstralo!’, grita Fleur. Mi marido me mira, asiente. Me bajo la falda. Nada debajo. Mi coño depilado a la vista, ya húmedo. Jadeos. ‘Joder, qué guapa’, murmura Pablo. Víctor se calla, se toca. La barrera cae. Jessica se acerca, toca mi culo. ‘Firme…’. Yo le toco el suyo. Mi marido agarra mis tetas, me besa el cuello.

De repente, todo explota. Pablo empuja a Laura contra la secadora, le arranca el tanga y mete la lengua en su coño. ‘¡Lame, cabrón!’. Ella gime fuerte, eco en el sótano. Fleur se arrodilla ante mí, lame mi ano mientras Jessica me chupa el clítoris. ‘¡Dios, qué rico tu culito!’, dice Fleur, metiendo un dedo mojado de saliva. Grito, piernas temblando. El marido saca su polla dura, me la mete en la boca. Slurp, slurp… chupando con ganas, saliva cayendo.

Follada brutal con el riesgo de ser descubiertos

Me pongo a cuatro patas sobre una pila de ropa. Pablo se coloca detrás, frota su verga gorda en mi entrada. ‘¿Quieres polla vecina?’. ‘¡Sí, fóllame!’. Entra de golpe, me parte. Duele y encanta. Mi marido delante, follando mi garganta. Fleur y Jessica se lían con Laura: una le come el coño, la otra las tetas. Gemidos rebotan, miedo que baje alguien del ascensor. ‘¡Cállate, joder!’, susurro, pero gimo más. Pablo acelera, palmadas en mi culo. ‘¡Qué coño apretado!’. Eyacula dentro, caliente. Mi marido sale, me llena la boca de leche. Trago, jadeando.

Víctor se une tarde, se pajea viéndonos. Acabamos sudados, oliendo a sexo. Risas nerviosas. Subimos callados, máquinas aún zumbando.

Al día siguiente, en el pasillo. Cruce con Pablo: guiño, mano en mi culo disimulada. Fleur pasa, besa mi mejilla: ‘Repetimos?’. Jessica sonríe pícara. Mi secreto quema, excitante. El edificio ya no es el mismo.

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