Ay, chicas, no sabéis lo que me pasó el otro día con mis vecinas del quinto. Estaba en mi piso, sola, con este calor que nos pone a todas cachondas. Las persianas entreabiertas, la luz del atardecer filtrándose en rayos finos, y de repente… oigo risas ahogadas desde el balcón de al lado. Me asomo un poco, el corazón latiéndome fuerte, y las veo: Elena y su hermana María, en batas transparentes que se pegan al sudor. Elena, morena con tetas grandes, le pasa la mano por el culo a María, riendo bajito. ‘Shh, que nos oyen’, dice María, pero se arquea contra ella. Joder, mi coño se mojó al instante. Me quedé mirando, el aire fresco del balcón rozándome las piernas, imaginando sus lenguas.
Al día siguiente, bajo al ascensor. Paso… pasos en el pasillo, eco hueco. Entra Elena, olor a perfume dulce y sudor fresco. Nuestras miradas se cruzan, ella sonríe pícara, como si supiera. ‘¿Tú eres la del cuarto?’, pregunta, voz ronca. ‘Sí, y anoche… te vi’, balbuceo, roja. El ascensor zumbaba, subiendo lento. Se acerca, su aliento en mi cuello. ‘¿Y qué viste, guapa?’. Mi mano tiembla, rozo su cadera. ‘Lo suficiente para mojarme’. Pum, la barrera cae. Sus labios en los míos, lengua invasora, manos bajando mi falda. El ascensor para en su piso, salimos tambaleando, besándonos como locas por el pasillo. ‘Ven a mi casa, ahora’, jadea.
La mirada indiscreta y la tensión en el ascensor
Entramos, María ya está ahí, en bragas, sonriendo. ‘Sabía que vendrías’. Puerta cierra, y empieza el festín. Elena me arrastra al balcón, aire nocturno fresco en la piel desnuda. ‘Aquí, donde nos viste’, susurra. Me quita la ropa, tetas al aire, pezones duros. María se une, chupándome el coño mientras Elena me besa. ‘Qué rica estás, Lola, tu chochito sabe a miel’. Gimo fuerte, pero shh, los vecinos… el riesgo me pone más. Elena se pone de rodillas, lengua en mi clítoris, lamiendo salvaje, dedos metiéndose en mi coño empapado. ‘Fóllame con la lengua, joder’, suplico. María me mete dos dedos, follándome duro, el sonido chap chap de mi humedad llenando el aire.
Cambio: yo de rodillas, coño de Elena en mi cara. Huele a sexo puro, salado. La chupo, lengua dentro, succionando su clítoris hinchado. ‘Sí, así, cabrona, hazme correrme’. María nos lame el culo a las dos, dedos en anos apretados. Nos corremos juntas, gritando bajito, cuerpos temblando contra la barandilla. El balcón vibra con nuestros jadeos, luz de farolas iluminando nuestros jugos chorreando. Elena me monta entonces, tribbing feroz, coños frotándose, clítoris contra clítoris, sudor mezclándose. ‘Me vengo, me vengo!’, aúlla ella. Yo exploto, chorro caliente salpicando el suelo. María se une, tres coños enredados, dedos everywhere, orgasmos en cadena.
El polvo brutal y el secreto ardiente del día siguiente
Al final, exhaustas, nos vestimos riendo. ‘Esto queda entre nosotras’, dice Elena, beso final. Duermo como un angelito, coño palpitando.
Al día siguiente, pasillo. Nos cruzamos, ella con bolsa de compra, yo con café. Mirada cómplice, sonrisa lasciva. ‘Buen día, vecina’, guiña. Siento el secreto quemándome, ya quiero más. El ascensor espera, ¿repetimos?