Dios, qué aburrida estaba esa fiesta del edificio. Todos bebiendo, charlando de tonterías. Oí pasos en el pasillo, el eco de tacones. Ursula, mi vecina del tercero, se acercó. Morena preciosa, nariz traviesa, piel morena, labios que invitaban a morder. No la conocía mucho, pero su mirada… uf.
—Qué muermo, ¿eh? —me dijo, con una sonrisa pícara.
La tensión que estalló en el ascensor
—Totalmente. Ni un tío decente para follarse uno.
Se rio, bajito. Me miró fijo. Sabía mi fama, claro. Los vinos sueltan lenguas. Yo seguí el juego.
—¿Y qué vas a hacer?
—Pues rabajarme a una tía, si pillo una que valga la pena.
—¿Yo, por ejemplo?
—Why not… —susurró, mordiéndose el labio.
El ascensor pitó. Subimos solas. Aire cargado, su perfume mezclado con el mío. Nuestras manos rozaron. En mi piso, la invité. Nerviosa, entró. Cerré con doble vuelta. El corazón me latía fuerte. La senté en el sofá, brazo sobre sus hombros. Le cogí la barbilla. Nuestros labios se juntaron. Beso largo, lenguas enredadas, húmedas. Le desabroché el vestido.
—Quítatelo. Quiero verte desnuda.
Obedeció, temblando. Desnuda, tiesa, esperando. La miré minutos. Se removía, incómoda. Luz de la persiana filtrando, rayas en su piel.
—Toqueteate.
Manos a sus tetas. Las amasaba, pezones duros. Se frotaba el coño, jadeos suaves. Pensé en empujarla más.
—¿Has follado con tías?
El clímax brutal y el secreto del pasillo
Hesitó.
—Una vez… con Gianni, la rubia del trabajo.
—Cuéntame.
Y soltó todo: cena en casa de Gianni, baile lento, manos en la espalda, beso sorpresa. La desvistió despacio, bragas abajo, lengua en el coño. Sesenta y nueve, jugos por todos lados. Orgasmo tras orgasmo. Me puse cachonda oyéndola. Mi coño chorreaba.
La barreira cayó. La tiré al sofá. Le chupé las tetas, mordí pezones. Gritó bajito, miedo a vecinos.
—Calla, que nos oyen…
Pero gemí más fuerte. Le abrí las piernas, lengua en su coño empapado. Clítoris hinchado, lo succioné. Se corrió rápido, squirteando en mi boca. Salado, caliente. Me subí encima, sesenta y nueve. Su lengua en mi chocho, dedos dentro. Follando aire, tetas rebotando. El sofá crujía, ruidos del edificio de fondo. Pasos en el pasillo… ¿nos pillan? Excitante.
—Cómetelo más, puta… —le ordené.
La devoré. Jugos por la cara, pelo pegado. Otro orgasmo, gritando. Ella igual, inundándome. Luego, tetas: las mordí fuerte, marcas rojas. Se corrió solo con eso. Dedos en su culo, tres dentro. Anal suave, luego duro. Sudor, olores mezclados. Pipí: se arrodilló.
—Dámelo.
Me meé en su boca. Bebió todo, gimiendo. Luego ella en la mía. Nueva, loca.
Horas follando. A las 5, se fue. Agotadas, coños rojos.
Al día siguiente, pasillo. Ojos cruzados. Sonrisa secreta. Pasos lentos, roce de manos. Nadie sabe. El ascensor pitó otra vez. ¿Repetimos?