Cada mañana bajo al café de la esquina. Ese antro cutre con mesas de formica, paredes amarillentas y un crucifijo torcido sobre la puerta. Nada especial, pero el dueño… Ay, ese hombre. Moreno, con manos grandes y una sonrisa que me calienta la entrepierna. Vive en mi mismo edificio, dos pisos más abajo. Lo sé porque oigo sus pasos en el pasillo, pesados, masculinos.

Hoy mi mesa habitual está ocupada por unos críos con libros. Me quedo parada en la puerta, el corazón latiendo fuerte. Él me ve, duda un segundo, con el café en la mano. Nuestras miradas se cruzan. ‘Ven al mostrador’, dice bajito, guiñándome un ojo. Me siento a su lado, el aroma del expresso me invade, mezclado con su colonia barata y sudorosa. ‘Hoy invito yo’, murmura, rozando mi mano al darme el azúcar. Siento un cosquilleo. Hablamos poco, pero sus ojos recorren mi escote. Sé que me mira las tetas cuando cree que no veo.

La chispa en el café y el ascensor

Salgo, pero en el ascensor… ahí está él, con bolsas del mercado. El espacio se cierra, aire cargado. ‘¿Subes?’, pregunta, voz ronca. Asiento, tragando saliva. Sus manos rozan mi culo ‘por accidente’. Me giro, furiosa y cachonda. ‘¿Qué coño haces?’, susurro. Él sonríe, pícaro. ‘Lo que tú quieres’. Y me besa. Duro, con lengua invasora. El ascensor sube lento, pitando en cada piso. Mis manos en su polla, ya dura bajo los pantalones. ‘Para, nos pillan’, gimo, pero aprieto más.

Llega a su piso. Me arrastra dentro, puerta cierra con golpe. ‘Te quiero follar desde el primer día’, gruñe, arrancándome la blusa. Sus manos ásperas en mis tetas, pellizcando pezones. Caigo de rodillas, le bajo la cremallera. Su polla salta, gorda, venosa, oliendo a hombre. La chupo ansiosa, lengua en el glande, huevos en la boca. ‘Joder, qué boca’, jadea, agarrándome el pelo. Me pone contra la pared, falda arriba, braga a un lado. Dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando, puta vecina’.

El polvo intenso y el secreto compartido

Me penetra de un golpe, hasta el fondo. Grito, placer y dolor. Folla fuerte, embestidas brutales, mi culo rebotando contra su vientre. ‘Cállate o nos oyen’, dice, tapándome la boca. Pero gimo más, el riesgo me excita. Me da la vuelta, piernas en sus hombros, polla hundiéndose en mi coño abierto. Sudor gotea, nuestros jadeos llenan el piso. ‘Me voy a correr’, gruñe. ‘Dentro, lléname’, suplico. Eyacula caliente, chorros potentes. Yo exploto, coño contrayéndose, piernas temblando.

Caemos al suelo, respirando agitados. Su semen chorrea de mi coño, mezclado con mis jugos. Me besa suave ahora. ‘Mañana más’, promete. Me visto rápido, subo a mi piso, piernas flojas.

Al día siguiente, en el pasillo. Nos cruzamos. Él con su bandeja de cafés. Nuestras miradas… fuego puro. ‘Buenos días, vecina’, dice normalito, pero su mano roza mi culo disimuladamente. Sonrío, coño húmedo ya. ‘Hasta mañana’, respondo, voz temblorosa. El secreto quema, delicioso. Sé que esta noche, el ascensor nos espera de nuevo.

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