Tenía veinticinco años y acababa de mudarme a este edificio viejo de Madrid. Paredes finas, balcones que se miran. Una noche de verano, calor pegajoso, salgo al balcón a fumar. Luz tenue en el del vecino, el del 4ºB. Él, rubio, bronceado, musculoso como un dios del gym. Ella gimiendo bajito, él la embiste contra la barandilla. Veo su polla dura entrando en su coño depilado, tetas rebotando. Me mojo al instante, mano en mi braga, frotándome el clítoris. Él gira la cabeza, me pilla mirando. Sonríe pillo, no para. Sigue follando fuerte, ella grita ‘¡más!’ y yo me corro en silencio, aire fresco en la piel sudada.

Días después, ascensor. Solo nosotros. Puerta se cierra con ese clic metálico. Huele a su colonia, pasos en el pasillo antes. ‘Hola, vecina’, dice con voz ronca. Nuestras miradas chocan, recuerdo su polla. ‘Te vi la otra noche’, suelto, voz temblorosa. Se acerca, su cuerpo roza el mío. ‘¿Y qué viste?’, mano en mi cintura. Tensión eléctrica, aire cargado. Botón de parada, ascensor se detiene entre pisos. Luz parpadea. Me besa salvaje, lengua invadiendo, manos en mi culo. ‘Joder, qué ganas’, murmura. Bajo su pantalón, polla tiesa, venosa, goteando precum. La chupo rápido, saliva chorreando, él gime ‘cabrón, qué boca’. Miedo a que alguien llame, vecinos arriba. Me pone contra la pared, braga a un lado, mete dos dedos en mi coño chorreante. ‘Estás empapada, puta voyeur’.

La mirada caliente desde el balcón

Levanto falda, él empuja polla de un golpe. ‘¡Ahhh!’, grito, eco en el hueco. Me folla duro, pellizca tetas, muerde cuello. ‘Cállate o nos pillan’, pero embiste más, coño apretando su verga. Sudor gotea, luz filtrando por rendija puerta, sombras bailando. Cambio, yo encima, cabalgo, clítoris rozando. ‘Me corro, joder’, gime él. Yo también, chorro mojando su polla. Sigue, me da la vuelta, levrette contra espejo. Veo mi cara de zorra, polla entrando-salida, ano guiñando. ‘Te voy a llenar’, gruñe. Se corre dentro, semen caliente rebosando piernas. Beso jadeante, ‘esto queda entre nosotros’.

Ascensor arranca, salimos. Él al 4º, yo al 3º. Corazón latiendo fuerte. Al día siguiente, pasillo estrecho, luz fluorescente zumbando. Nos cruzamos, compra en mano. ‘Buenos días, vecina’, guiño. Sonrío, rojez subiendo. ‘Anoche soñé contigo’, susurro pasando. Oigo su risa lejana, puerta cierra. Secretos queman, espero la próxima mirada. Frío pasillo, pero coño aún palpita recordando.

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